EL ESCÁNDALO DE LA CRUZ

Saludos a todos al inicio de esta tercera semana de cuaresma. Les recuerdo que los actos de piedad como rosario, viacrucis, procesiones, peregrinaciones y demás prácticas no dan la gracia de Dios, pero nos disponen a ella. Son los sacramentos los que nos dan la gracia de Dios y la fuerza necesaria para convertirnos. No al revés como todavía piensan algunos. Y ahora verán por qué inicio con esto.

Comienzo por decir que en esa primera carta de Pablo a los corintios habla en el capítulo 5,9 de una carta anterior que a la fecha sigue perdida; y la carta que nos ocupa habla de las divisiones por liderazgos e ideología en una comunidad de judíos y griegos. Y se ocupa, como escuchamos de poner la atención en la cruz de Jesús Hijo de Dios y Mesías porque la cruz parecía una tontería para los judíos que esperaban un Mesías fuerte y poderoso, y los griegos ponían su confianza en la sabiduría humana. Así para los judíos la cruz era debilidad y escándalo; para los griegos es locura y necedad. Y en palabras de Pablo repito «lo loco de Dios es más sabio que lo humano; lo débil de Dios es más fuerte que lo judío.» Pues miren todos sino esta sabiduría de Dios nos ha traído a disfrutar de tecnologías que los seres humanos de otros tiempos nos habrían envidiado. Sin embargo nuevas soluciones nos han traído nuevos problemas. No hemos llegado a la solución del problema del mal.

Ahora vamos a iluminar con el pasaje del evangelio de Juan cuyo capítulo 2 inicia con la boda de Caná donde María al mujer judía y madre de Jesús, demuestra una confianza ilimitada en la palabra de Jesús e invita a acogerla. Y cómo sus discípulos también hebreos ante esta primera señal creyeron en él; y en el pasaje de hoy, después de que Jesús echa fuera a los mercaderes del templo actuando conforme a las profecías de Zacarías (14, 21) y Malaquías (3,1) sobre el Mesías que vendría. Ahora vemos que los “judíos”, llamados así por san Juan ante el rechazo de Jesús no aceptan su palabra y piden señales. Sin embargo, esta acción de Jesús es un signo de su muerte y resurrección. Más que una purificación, lo que hace Jesús es anunciar la abolición del templo y del culto allí celebrado, porque ya el lugar de la presencia de Dios es el cuerpo glorificado de Jesús (véase Juan 1,51; 4, 23).

Conclusión, es la primera vez que Jesús llama a Dios su Padre y se refiere al lugar sagrado como una casa, como el hogar de su Padre. Y eso es lo que los judíos van a destruir en la cruz el templo de Dios, la casa del Padre, el cuerpo de Jesús es la casa del Padre, es el nuevo templo y eso es lo que destruimos cuando no somos Iglesia, cuando no hacemos Iglesia. Hacemos del cuerpo místico de Cristo un mercado, le quitamos lo sagrado, le arrebatamos al Padre de los cielos, su casa, su hogar en medio de nosotros. Los judíos al destruir a Jesús como casa del Padre se destruyeron a sí mismos, los romanos destruyeron su templo que tardó 53 años en terminarse.

La conclusión del evangelio de hoy es bellísima: «cuando resucitó de los muertos, sus discípulos creyeron a la escritura, y a las palabras que había dicho Jesús». Iglesia, cuerpo místico de Cristo, despierta, lee la Biblia y encuentra la fuente inagotable de la de fe como lo hizo la virgen María y los discípulos que creyeron en la primera de sus señales y en sus palabras de vida eterna.  No me crean a mí, lean la Biblia, «porque se ha escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios; y para que al creer tengan vida en su nombre», como dice al final el evangelio de Juan (20,31).

 

 

Sacerdote Daniel Valdez García

*El Autor es Profesor en Universidad Autónoma del Estado de México

*Estudió Sacerdote y Especialidad en Bioética en Universidad Autónoma del Estado de México

*Estudió en Seminario Diocesano de Toluca

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