Ignorancia, confusiones y malos entendidos religiosos

Antecede al próximo miércoles de ceniza este VI domingo ordinario del ciclo B, y reflexionamos con el evangelio de Marcos.

Vuelvo a disculparme por lo extenso de esta reflexión, pero les digo que lo muy breve no educa ni forma solo aplaza.

Hagamos un resumen. Es el evangelio más breve y solo tiene 16 cortos capítulos. Inicia de manera directa diciendo Evangelio de Jesús, Mesías («Messiah» en hebreo, «Cristo» en griego, «Enviado» en español), Hijo de Dios. Para los judíos era importante ser el «Mesías», para los gentiles «Hijo de Dios.» Así que desde el principio Marcos vence el mal entendido de un Mesías poderoso como lo esperaban los judíos pues la sombra de la cruz cae a lo largo de todo el evangelio. Jesús aquí es el siervo que sirve en el sufrimiento.

Tras la predicación de Juan el bautista, el bautismo de Jesús, su estar en el desierto y la proclamación del reino, el primer llamado a sus primeros discípulos, la enseñanza cómo quién tiene autoridad en la sinagoga de Cafarnaum, liberación de un espíritu inmundo y curación de la suegra de Pedro en sábado, así como sanar a muchos enfermos y echar fuera muchos demonios, yendo de camino a lugares vecinos le salió al encuentro un leproso, que es el pasaje de hoy en el cual nos vamos a centrar para reflexionar.

En tiempos de Jesús, siguiendo el libro del Levítico 13,14, los escribas enumeraban cerca de setenta y dos enfermedades de la piel considerada como lepra, entre estas el herpes y la tiña. Y se consideraba que eran un castigo por el pecado. Pues este leproso traspaso el límite de cincuenta pasos, pero Jesús extiende la mano, “lo limpia” y lo cura con su poder. Es decir que Jesús lo restaura espiritual y socialmente. Solo Dios puede sanar al leproso y solo el sacerdote puede declararlo limpio. Estamos ante un hombre que había sido excluido y abandonado a la pobreza.

El versículo 41 ha sido traducido como que Jesús estuviera «lleno de piedad», queriendo facilitarnos la lectura evitando decir que estaba «lleno de enojo». Marcos no tiene ningún empacho en ofrecernos aspectos tan humanos de Jesús, porque mantiene el equilibro entre la enseñanza y la acción, a Jesús le enoja la exclusión, la ignorancia, la confusión, los malos entendidos y prejuicios religiosos de su época. Jesús manifiesta el poder que tiene entre lo que dice y lo que hace, es Dios!! La divulgación que hace este hombre abruma a Jesús con tanta gente que lo busca por milagros más no por su enseñanza. Actúan como los primeros discípulos siguen y buscan pero no son discípulos que aprenden ni se forman al lado del maestro. La publicidad siempre jala audiencia y de allí no pasa, no forma comunidad. Hasta aquí Jesús se movía con libertad en las ciudades y ahora se ve forzado al aislamiento que vivía el leproso.

Deseo aplicar todo esto de manera escueta a lo que viviremos el próximo miércoles de ceniza el 14 de febrero en que vendrán multitudes. Como aquellos que buscan a Jesús tras la limpieza del leproso no obedecen los mandatos de Dios, estorban a la misión de evangelizar más que ayudar a formar discípulos. Pocos saben que el rito austero de la ceniza inaugura el tiempo penitencial de la cuaresma que en los primeros siglos de la iglesia los pecadores que deseaban comulgar el jueves santo se vestían de sayal y ponían ceniza sobre su cabeza. Hasta el siglo VII los pecadores o penitentes quedaban excluidos de la Iglesia hasta el jueves santo que podrían confesarse y acercarse al altar para comunión. Es hasta el siglo XI que se estructura la liturgia de imposición de ceniza antes de la misa y con el Concilio Vaticano II se integra como sacramental después de la homilía. Pero hoy está práctica está casi ajena al ayuno y la abstinencia de carne, al verdadero espíritu de penitencia y de volver a la comunión con toda la iglesia, a formar comunidad de discípulos que se forman con la enseñanza de Jesús el maestro que tiene autoridad. Dejemos pues claro que el humilde gesto simbólico de la imposición de la ceniza en la frente es una respuesta a la palabra de Dios que nos invita a la conversión y preparación a celebrar la pascua quemando y destruyendo lo que nos impide estar cerca de Dios que actúa con poder por su palabra y por sus obras. Iniciemos esta cuaresma convencidos de que este peregrinar hasta Dios es de manera personal y comunitaria se conversión y renovación venciendo la ignorancia, las confusiones y malos entendidos religiosos dejando de vivir cómo los que miran y no ven, escuchen y no entienden. Jesús es el maestro con poder para hablar y actuar para limpiarnos de la lepra que nos excluye y aparta de la comunidad. Y así purificados y liberados de prejuicios culturales y religiosidad aprendamos a vivir el primado de la misericordia que busca a los excluidos para devolverlos a la comunión.

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