Nivelar la balanza

Seguiré ahondando en el tema de la renegociación, del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, dada la relevancia que tiene para nuestro país.

He postulado ya en 2 ocasiones, puntos de vista diversos acerca del mismo, sin embargo, creo que aún hay mucho por decir.

Me enfocaré en esta ocasión en las recomendaciones que debiera de tener una negociación orientada a nivelar la asimetría de poder, principalmente entre México y los Estados Unidos.

Si bien es cierto, que en los 23 años que ha durado el TLCAN, el comercio entre México y Estados Unidos creció en un 506%, lo cierto es que el propio tratado, le ha quedado mucho a deber, y no necesariamente a nuestros vecinos del norte.

México debe de ver esta situación, como una oportunidad para obtener mayores beneficios para nuestros connacionales y nuestro país, y no como una sencilla afrenta o un ardid publicitario.

Algunos países, parecen tender a encerrarse en un mundo en el que la globalización y la internacionalización de las integraciones regionales, parecen estar fracasando. México no debe de ser una excepción en el afán de proteger nuestros intereses.

Al compartir una frontera tan extensa con los Estados Unidos, parece lógico que nuestras economías estén tan relacionadas y que geográficamente esta, sea una condición insalvable. México debe de entender que nuestro mercado nacional es muy fuerte y que para Estados Unidos sería catastrófico renunciar a un Tratado que les es más benéfico de lo que suponen.

Aun no habiendo alcanzado todas las metas propuestas por el tratado e incluso teniendo rezagos importantes en competitividad, nuestra postura de frente a una renegociación debería de obedecer a principios de valorarnos a nosotros mismos como un socio comercial importante e imprescindible.

Hay que apelar a la mejora de calidad de vida de nuestra gente, sin romper las dinámicas comerciales.

Si el tema es migración y esta se da precisamente porque nuestros vecinos tienen mejores condiciones, en cuanto a calidad de vida se refiere, sería necesario apelar a la ayuda para mejorar las nuestras, en favor de fomentar mejoras sustantivas en materia social, laboral y de seguridad en salud y desarrollo social orientadas a la inhibición de la propia migración, en búsqueda de mejores posibilidades.

No solamente apostar a la maquila, por las condiciones laborales más laxas y con menos obligaciones por parte de las empresas que se instalen en nuestro país para con los trabajadores. Menores salarios y prestaciones. Sí tener mejores condiciones hacia las empresas, para reducir costos y atraer creación de empleos. Pero solo, un poco menos, en el afán de proteger a nuestros trabajadores y obligar a la capacitación constante para generar mano de obra calificada que nos permita que esa gente pueda seguir trabajando a pesar de lo que ocurra con las empresas que se instalen en nuestro territorio y que a la vez tengan mejores salarios y mayor capacidad de mejora económica y de calidad de vida.

Lo comercial se debe de dejar en un segundo plano. Es algo que la propia economía y la dinámica comercial seguirá empujando y autorregulando.

Lo que hay que reconciliar y retomar son, los beneficios que la propia gente esperaba de un acuerdo de esta naturaleza. Ya sea protegiendo nuestra propia economía, o bien, generando las condiciones internas para alcanzar este objetivo.

En conclusión, renegociar sin perder dignidad y apelando a la importancia que las condiciones de vecindad nos otorgan.

No debemos de tenerle miedo a un nuevo paradigma en el cuál nuestro país, tenga que buscar nuevos aliados a nivel internacional. Apelar a la vez a organismos civiles en los propios Estados Unidos, también sería meritorio, en el marco del desacuerdo generalizado ante el discurso de Trump.

México tiene las capacidades para asumirse como un nuevo socio integrador de la región, excluyendo incluso a los propios Estados Unidos. Nuestro prestigio y mercado nos avalan para hacerlo. Se necesita convencimiento y decisión para tomar y asumir riesgos que nos concedan los elementos necesarios para lograrlo.

No levantarnos de la mesa, forzar a que Trump lo haga, y sea él, quien pague la factura política de dicho acto.

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