DIOS

En esta sencilla reflexión quiero hacer una especie de recuento de los hechos facilitando la lectura con sencillas citas.

1. La etimología

Es muy difícil precisar el proceso de formación de esta palabra tanto en el latín cómo en el griego. Hay otras lenguas cuya cosmovisión llevan a la trascendencia, al totalmente “Otro”, al principio de los principios, a la Esencia de las esencias pero es un dios impersonal a quien se le conoce por la recta razón humana, incluso se le concibe como “el Dios de los filósofos”. Que de suyo es bastante aceptable porque supera el primigenio “animismo” que prevalecía durante siglos. Pero también existió el endiosamiento de los astros y las fuerzas naturales al lado de los chamanes, y evoluciona divinizando las pasiones humanas: amor, guerra, odio, paz, bien y mal. Hasta aquí la antropología social, humana y cultural tienen mucho que bregar para esclarecer mitos y misterios de la evaluación del concepto de Dios.

2. El humano en busca de Dios

Los vestigios rupestres y las piezas arqueológicas de esas época nos evocan la experiencia de trascendencia en el ser humano como una especie de “transferencia” o “proyección” en las figuras y esculturas primigenias que se refieren a la divinidad especialmente en la maternidad. Así las primeras imágenes en el mundo son “diosas” en casi todas las culturas ancestrales. Luego aparecen los sacerdotes-chamanes-gurús con poderes sobre los espíritus y transferencia de fuerzas sobrenaturales o dominio de los malos espíritus. Así aparecen las primeras cosmogónicas entre el bien y el mal. Luego vendrán culturas más organizadas por gobiernos, religión y sociedad que se acogieron a lo mítico y de ello abundan los ejemplos en todo el mundo. A groso modo vemos cómo el ser humano ha buscado a Dios de distintas maneras y de la misma forma lo ha representado y plasmado en formas y libros que le son sagrados.

3. Dios en busca del ser humano

En toda la historia de las religiones no existe antecedente alguno al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (véase Génesis 12,18-39; Éxodo 6, 15-16; Mateo 22,32-32; Marcos 12,26; Lucas 20,38; Hechos 3,13) se trata un Dios personal que se dirige a personas concretas para establecer a su pueblo. Él es quien toma la iniciativa, es el creador de todo cuanto existe (Génesis 1-2). Y sale en busca de la criatura hecha a imagen y semejanza suya, venía todas las tardes a platicar con Adán (Génesis 3,8). Y aunque peca o de expone a ello no le abandona, le habla, e intenta persuadirle como a Caín (Génesis 4,6)

Este Dios sale al encuentro de hombre en los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob (Génesis 12,1-7; 26,1-5; 28,10-15), en caudillos para liberar a su pueblo cómo Moisés, Josué, jueces, profetas y reyes (Éxodo; Josué 1-12; jueces 2-12; 1 2 Samuel; Isaias, Jeremías, Amos, Óseas, Ezequiel, Daniel, Abdías, Ageo, Baruc, Habacuc, Joel, Miqueas, Malaquías, Nahum, Sofinías y Zacarías; 1 y 2 Reyes), pero siempre él toma la iniciativa para prometer incluso lo ellos o el pueblo esperan, se sigue casi en todo el Antiguo Testamento el esquema de promesa-cumplimiento.

El Nuevo Testamento es en toda la extensión de la palabra la buena nueva, Evangelio: «Dios con nosotros.» (Isaías 7,14; Mateo 1,23), pues «en otros tiempos habló Dios a nuestros ancestros en distintas ocasiones y de distintas maneras por medio de los profetas, en los últimos tiempos habló por medio de su Hijo» (Hebreos 1,1-2). El cual «llegada la plenitud de los tiempos nació de mujer, nació bajo la ley» (Gálatas 4,4), «porque tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3,17). Ese hijo enviado a la muchachita pobre de Nazaret llamada María y desposada con José a quien el ángel le dijo: «María tendrá un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados.»

En Jesús, el unigénito del Padre, se ha dado la plenitud de la revelación, en él se ha dado a conocer el plan de salvación trazado desde antiguo: «hacer que todo tuviera a Cristo ppt cabeza» (Efesios 1,9-10). En él nos ha salvado por su muerte y resurrección, y tras su exaltación ha derramado al Espíritu Santo en su Iglesia (Hechos 2) y nos prepara una morada en la casa del Padre (Juan 4,1-6).

El Dios revelado por Jesucristo ama con entrañas de misericordia, como padre y madre, que va en busca del pecador porque no quiere su muerte, sino que se convierta y viva (Ezequiel 18,24-28; Mateo 5,20-26). Dios manifiesto en Jesús es vencedor de la muerte y del pecado para siempre, es la garantía de la salvación plena y eterna con un reino que no tiene fin.

Jesús no es Dios porque lo haya decretado reconociéndolo así el emperador Constantino. Jesús es Dios y no es posible conocerlo no amarlo; amarlo y no seguirlo; seguirlo y no servirlo. No tengas miedo, abre tu corazón a Dios, peor no te va a ir. La relación con Dios Padre en Jesús por el Espíritu Santo es personal e íntima, somos sus hijos.

 

El Autor es Profesor en Universidad Autónoma del Estado de México.
Estudió Sacerdote y Especialidad en Bioética en Universidad Autónoma del Estado de México.
Estudió en Seminario Diocesano de Toluca.

 

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