EL LUGAR NO HACE EL HOGAR

Sacerdote Daniel Valdez García

 

Este artículo responde a la dedicación de este año a la familia parroquial por Mons. Francisco Javier Chavolla Ramos, obispo de Toluca. Este mes también he escrito en estilo libre y con poca citación para permitir una lectura ágil.

Primigenios
El ser humano desde que existe sobre la faz de la tierra, igual que todos los seres que son nuestros
compañeros de vida, busca resguardo y protección. Las pinturas rupestres y los vestigios arqueológicos datados en 35 mil años nos hablan de grupos humanos itinerantes que plasmaron sus actividades en ideografías y en herramientas primitivas monocromáticas o tricromáticas.

Posiblemente el ser humano fue imitando a los animales en su conducta para hacer más confortable su hábitat en cuevas o cavernas. Los materiales fueron perecederos como los de los nidos de las aves y madrigueras de animales. Así, para los primitivos seres humanos su cobijo y habitación fue cualquier lugar que les ofreciera seguridad y protección.

 

De nómadas a sedentarios
Diversas causas fueron propiciando que los grupos humanos pasarán de nómadas a sedentarios y al calor de la hoguera fue dándose el concepto de “hogar”. Por su ambiente acogedor las grutas fueron lugares que se tornaron en lugares de acogida, de ternura y de abrigo entorno a la familia. Así los grupos naturales se fueron haciendo consanguíneos y tutelando la propiedad. El ser humano fue más consciente de su paternidad y maternidad y ya supera la creencia animista verificó la evidencia biológica de su prole.

 

Nace el “hogar”
A lo largo de los siglos el ser humano, esencialmente gregario, busca un lugar para hacer su hogar, en latín “un locus” o espacio, su propio espacio para amor, ternura, cuidados, prodigar compasión y ser comunidad de vida y de unión de personas. El espacio fuera mayor o menor, con más o menos bienes, con más o menos miembros de la familia, pero lo importante es el hogar que hace cada persona de la familia. No es el lugar, pues una jaula de oro no deja de ser jaula! Hay lugares que se convierten en hogares como la cueva de Belén con el nacimiento de Jesús o la gruta de Getsemani donde pernoctaba cotidianamente con sus discípulos, pues es el mismo Hijo de Dios quien «puso su morada entre nosotros» (véase Juan 1,14), sin embargo aseguró que «el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (véase Mateo 8,20).

De nada sirve poseer riqueza y poder si en ningún lugar se tiene hogar. No es, pues, el lugar lo que hace el hogar, sino las personas, las actitudes, las virtudes y los valores. La historia de la humanidad está llena de ejemplos de quienes hicieron del lugar, muchas veces inhóspito, un hogar: Fray Bartolomé de las Casas, San Juan Bosco, San Camilo de Lelys, Santa Teresa de Calcuta, Gandhi, Martin Luther King, Lech Valesa, Francisco Vantua, Rigoberta Menchú, Nelson Mandela y muchos más.

Regálate ser agradecido por el hogar que tienes; y si no puedes tener el lugar que quieres comienza por querer el que tienes, pero sobre todo has de ese lugar tu bendecido hogar.

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