Guerra contra las mujeres
Existe un incremento de violencia contra las mujeres, que no sólo es cuantitativo, como indican las estadísticas, sino también cualitativo con sus abusos verbales, emocionales y físicos que van desde acoso sexual, operaciones ginecológicas innecesarias e incluso maternidad forzada; hasta la violación, tortura y esclavitud doméstica. Es una auténtica guerra en contra de las mujeres.

Cuando estas formas de terrorismo resultan en muerte de la víctima, se transforman en feminicidio. El asesinato de la joven de 22 años, Lesvy Berlín Osorio, ocurrido en las instalaciones de la UNAM, es solamente uno más de los que ocurren todo el tiempo a nivel nacional. La estigmatización que sufrió por las declaraciones de las autoridades al afirmar que la joven tenía problemas con el alcohol y las drogas, culpabilizando a la víctima, hace necesario reiterar, una y otra vez, que la violencia contra las mujeres es una cuestión de derechos humanos, y que no tiene nada que ver con la cultura, la religión, las costumbres o las tradiciones y, de manera destacada, con el derecho de las mujeres a ejercer sus libertades personales y colectivas.

La violencia es física y psíquica, sexual y económica, acontece en las relaciones de pareja y de familia, y frecuentemente termina en suicidio o feminicidio. La guerra contra las mujeres se observa a lo largo y ancho del país donde el INEGI informa que siete mujeres son asesinadas diariamente. Los homicidios se dan principalmente entre mujeres de 15 a 29 años, mientras que los fallecimientos por golpes se incrementaron del 8 al 19 por ciento. En México dos de cada tres mujeres han sufrido algún tipo de violencia durante su vida y, de acuerdo con el “Informe de País. México 2016”, presentado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la violencia contra las mujeres aumenta sistemáticamente, registrándose un porcentaje cada vez más alto de mujeres víctimas de delitos respecto a los hombres.

La desigualdad humana se manifiesta de forma más prepotente en la relación entre los géneros, y tiene que ver con el conjunto de características psicológicas, políticas, económicas, sociales y culturales asignadas a los sujetos según su sexo biológico. El filósofo de la política, Norberto Bobbio, definió nuestra época como “el tiempo de los derechos”; sin embargo, este tiempo se está escribiendo en masculino, pues las mujeres todavía se encuentran excluidas del proyecto ilustrado de la modernidad. Persiste la reivindicación de la inclusión de las mujeres en los fundamentos de la universalidad de la razón, la emancipación de los prejuicios, la aplicación del principio de igualdad y la idea de progreso. Es necesario activar las potencialidades emancipadoras de la democracia que han sido negadas a las mujeres. No sólo es un reclamo de derechos, sino también de su individualidad, de la exigencia de su reconocimiento como sujetos autónomos y racionales que pueden decidir sobre su cuerpo y destino. Estas demandas coinciden con la idea de igualdad como horizonte normativo y ético de la democracia. La igualdad entre los géneros forma parte de la modernidad y de la lucha por la extensión de la ciudadanía. Detengamos esta guerra contra las mujeres.


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Isidro H. Cisneros