Francia: entre izquierda liberal y extrema derecha
En un clima marcado por la tensión derivada de los atentados terroristas ocurridos recientemente, fueron convocados a las urnas 46.9 millones de franceses para definir el nuevo rumbo del país. Después del Brexit que estableció la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea y del triunfo del xenófobo y populista Donald Trump en los Estados Unidos, se desarrolla una recomposición de la hegemonía entre dos concepciones políticas opuestas. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales con una participación histórica, cercana al 70 por ciento, los franceses pudieron elegir entre once candidatos, para seleccionar a los dos más votados que fueron la derechista radical Marine Le Pen y el demócrata de izquierda Emmanuel Macron, quienes representan las opciones que competirán por la presidencia el próximo 7 de mayo.

De un lado, una derecha nacionalista, racista y antiinmigrante encabezada por Marine Le Pen quien se definió como una candidata “amiga del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” y que se manifestó contra el sistema político tradicional. La hija del fundador del partido derechista Frente Nacional sostiene un proyecto que prevé el cierre de las fronteras, la salida de Francia de la Unión Europea y un referéndum sobre el euro, así como la clausura de las mezquitas consideradas lugares de concentración del radicalismo religioso, en un país que tiene la mayor concentración de población islámica de toda Europa, y por si no bastara, la expulsión de todos los migrantes “sospechosos”. Su campaña mostró tendencias antijudías. Su proyecto es aislacionista, de rechazo al sistema financiero internacional, de revisión de los tratados comerciales, de controles al libre mercado y de eliminación de las políticas sociales.

Del otro, una izquierda no oficial, tecnocrática y ciudadana que estará representada por Emmanuel Macron, el candidato más joven con 39 años, considerado inexperto, políticamente inmaduro y acusado de representar un “marketing vacío”, pero que se asume como la expresión de una izquierda moderna y pragmática, abierta y flexible, dispuesta a responder a los reclamos ciudadanos de reducción de legisladores, mayores controles a los partidos tradicionales y límites a los mandatos de representación política. Primero asesor del actual presidente Francois Hollande y después Ministro de Economía, fundó el movimiento “En Marcha. Asociación para la Renovación de la Vida Política” con la propuesta de escoger “lo mejor de la izquierda, la derecha y el centro”. Planteó romper con un sistema que no supo cumplir con las exigencias de sus ciudadanos. Su campaña representó un apelo a los desencantados de la política tradicional y a quienes rechazan una democracia sin ciudadanos. Pertenece al grupo de jóvenes tecnócratas que forman parte del sistema sin haber ocupado cargo de elección popular. La novedad, sin embargo, es que Macrón representa aires nuevos en la democracia, un castigo a la casta política tradicional, con su propuesta de que el 50 por ciento de los candidatos para las próximas elecciones legislativas serán ciudadanos no partidistas y por recoger el voto útil del tradicional partido socialista que cayó al quinto lugar. Con la propuesta de construir una democracia exigente, deberá ser capaz de derrotar a la extrema derecha.

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Isidro H. Cisneros