Democracia sin opciones
Me llamó mucho la atención los despliegues de “fuerza” que quisieron dar los dos partidos de la llamada “izquierda” mexicana, el fin de semana reciente. Uno de ellos, el del PRD, en el Zócalo de la Ciudad de México, el otro, el de MORENA, en el Monumento a la Revolución.

Seguimos haciendo campaña como en los años setenta. Hay que demostrar “músculo”, así lo presumieron varios de los integrantes de ambos partidos políticos en sus distintas cuentas de redes sociales. Algunos, más osados, afirmaban con sarcasmo, que era una demostración a aquellos que pensaban que no lograrían llenar dichos espacios.

¿Pero qué nos pasa? ¿Acuerdo de la unidad? ¿Autocomplacencia?
Acaso nos quieren convencer de que el PRD no está herido de muerte. ¿Acaso algún partido político mexicano, NO lo está? ¿Discutir y desestimar que en ese mitin no había más de 100 mil personas, les genera algún sentimiento, que no sea el del auto convencimiento de su fracaso como instituto político? Como si el “acarreo”, otra práctica prehistórica fuera muestra de la modernidad y el compromiso, con el que la izquierda debiera de plantar cara ante la situación del país. Que poco les ofrecemos a los ciudadanos, caray. Ni como reclamarles que estén hartos de la política.

Ni que decir del supuesto acto de adhesión “masiva” de MORENA, encabezado por el Sr. López.

Otra muestra de “fuerza política”. Como si a los ciudadanos les convenciera el ver una foto con mucha gente para hacernos creer que ya ganó de facto, la Presidencia de la República. Como si la adhesión en tono de arrepentimiento de personajes que nadie conoce y peor aún, que nada han hecho por este país, fuera digno de celebración. El todo misericordioso, Andrés Manuel, los exonera de sus pecados por haber pertenecido al PRI o al PVEM, o a cualquier otro partido político, así tal y como, Jesús, perdonaba a las prostitutas y los usureros. Cual salido de un pasaje de la Biblia.

Para dicho acto de perdón, de misericordia y de simbolizar a un personaje con poderes sobrenaturales, se necesita una gran multitud, que atestigüe el milagro de la reconversión al camino del bien. ¿Así pretenden engañarnos, presentando redimidos impresentables, que salieron huyendo de sus partidos por falta de espacios, y por actos dudosos?

¿Hasta cuándo el circo? No con ello digo que los demás partidos, no utilicen las mismas prácticas.

El problema radica en que, como sociedad no estamos registrando que una y otra vez, caemos en los mismos errores y elegimos lo mismo. Nos dejamos llevar por lo mismo, y desafortunadamente, por los mismos.

Las campañas políticas, salvo honrosas excepciones, son la misma, “gata, pero revolcada” diría mi abuela. Ofrecen nulo o cero contenidos. Ello es, porque nos gusta el escándalo, el lodo, la basura, dado nuestro poco interés en las mismas. O bien, por la nula credibilidad que tenemos en quienes pretenden acceder a los puestos en disputa.

Acartonadas, sin emoción, repitiendo las mismas premisas 500 mil veces. Utilizando las redes sociales como espectaculares de eje vial, en paro, eliminando la virtud de la dinámica, el movimiento, el cambio, el dialogo, y sobre todo la autenticidad y lo verdadero. Estamos renunciando a la vida, implícita en el intercambio de ideas y la facilidad de comunicación.

¿Realmente nos importa si algún candidato, es o no, hijo de inmigrantes? Quizá sí, si su plan de gobierno reflejase, un conocimiento, no solamente estadístico del tema, sino afectivo y empático, que revelara su sufrir, a partir de generar programas y políticas públicas adecuadas para dicho sector. De lo contrario, poco sirve que haya tenido esa vivencia.

Es decir, si no logramos cambiar nuestras prácticas, y, sobre todo, si como ciudadanos no logramos demandar mejores contenidos, y mejores perfiles, nuestros votos, seguirán valiendo lo que un tortillero de plástico con algún logotipo partidista, pueda comprar.

Aquellos que hoy dicen que son distintos, no queda más que aplicarles la premisa de, “que por sus actos serán juzgados.”

Hoy en día, parecen más de lo mismo. Al tiempo…


*El autor es Licenciado en Relaciones Internacionales. Actualmente se desempeña como Secretario Técnico de la Secretaría de Salud del Estado de México.

Contacto en redes.
Twitter: @fabianotero
Facebook: Fabian Otero Aguilar
Fabian A. Otero Aguilar