La Intención de Manipularnos
El fin de semana pude recoger varias opiniones de diferentes personas acerca del inminente cuasi-inaplazable, triunfo de Andrés Manuel López Obrador en la contienda presidencial del 2018. No compartiendo un proyecto de país que divide, fomenta el encono y la división, confieso que me espanté y mucho.

Me explico, existen diferentes teorías científicas acerca de la manipulación y el cumplimiento adelantado de premisas creadas para coactar nuestra libertad de elección.

La vida me ha permitido de forma muy generosa, conocer y reconocer a gente sumamente coherente, autentica, preparada, exitosa y a la que admiro. Que trabaja en favor de la conciencia, el razonamiento y principalmente, de que tengamos un país y un mundo, más libre, más consciente, más justo y mejor.

En esta ocasión hago un reconocimiento especial a mi amigo y profesor Ramón Morales Izaguirre, a quien trataré en la medida de mis posibilidades citar, para explicar porque las técnicas de manipulación son tan peligrosas para la elección democrática de nuestras autoridades. De antemano me disculpo por la falta de coincidencia en torno al personaje en cuestión.

La manipulación es un sistema diseñado específicamente para ganar nuestro consentimiento en favor de elegir algo, obligándonos a creer que lo que se elige, es una decisión libre y personalísima.

La manipulación es ampliamente utilizada en el marketing orientado al consumo. También lo es en cuanto a la elección de las personas que nos pretenden gobernar.

Ello es posible porque nos comportamos de manera predecible y anticipable. Mientras nuestro cerebro está en búsqueda de certezas que nos permitan anticipar el futuro, y no existen o no tenemos suficiente información para lograrlo, se producen deformaciones que nos orillan a decisiones incorrectas o poco informadas. Esto en política y elección, no nos ha permitido elegir autoridades que sean capaces simple y sencillamente por sus méritos como personas y principalmente como funcionarios.

Me centrare sólo en la premisa del efecto “bandwagon” o arrastre, por las limitantes de este espacio. Dicho efecto, consiste en la tendencia a ser parte de los grupos dominantes, de subirse en el tren ganador, imitar acciones cuando no tenemos suficiente información para decidir y creemos que los demás sí la tienen. Siendo así parte de un rebaño y compartiendo riesgos.

He ahí el caso de la mayoría de las casas encuestadoras. Quienes no necesariamente tienen un compromiso con los votantes sino con los que las contratan. Hasta aquí la cita.

Ahora bien, con base en qué información la mayoría de los mexicanos creen que Andrés Manuel, es virtualmente el próximo Presidente de la República. No soy ajeno al enojo y al malestar social que se vive, a la inconformidad y el hartazgo que hay hacia el actual gobierno.

Sin embargo, las encuestas, la mayoría de ellas se han levantado en torno a un solo candidato conocido, al único que en violación flagrante de las reglas ha hecho campaña de forma constante.

Que, sin contraste, ni oposición real, ni contendientes, se ha posicionado como la redención de todos los males que nos aquejan. Sabedores de este tipo de técnicas, los patrocinadores de AMLO, han venido posicionando la idea de que lo suyo es inevitable. Ganando así, la desmoralización de sus opositores, y la resignación de a quienes poco le importa la elección y quien gobierne nuestro país, sin que aún se haya emitido ni un solo voto.

Desde ahora adelanto que en cuanto se aparezcan los demás contendientes, y comience el proceso verdadero de elección, todo se va a nivelar.

A lo único que nos invitó como sociedad, es a que elijamos, ahora que saben un poco más de cómo se construye una manipulación política, con libertad, con crítica y con el interés de México por delante.


*El autor es Licenciado en Relaciones Internacionales. Actualmente se desempeña como Secretario Técnico de la Secretaría de Salud del Estado de México.

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Fabian A. Otero Aguilar