Medio siglo del Tratado de Tlatelolco
Por: Karla Rojo de la Vega Mota Velasco

El día de ayer, el Tratado para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe, conocido también como Tratado de Tlatelolco, celebró su 50 aniversario.

En el año de 1958, Costa Rica propuso a los países latinoamericanos (Bolivia, Brasil, Chile y Ecuador) abstenerse de la fabricación de armamento nuclear y no comprarlo a las potencias fabricadoras; surgiendo así la idea de crear una zona libre de armas nucleares en América Latina. Este acuerdo, cuyo nombre surge derivado de la zona en la que se encuentra la Secretaría de Relaciones Exteriores, fue una contribución de gran importancia por parte de la diplomacia mexicana, ya que estableció formalmente, una zona militarmente desnuclearizada en una región del mundo densamente poblada.

Este tipo de contribuciones conscientes son trascendentes en el mundo en el que vivimos, ya que ante una situación nuclear, no sólo peligra la existencia de las naciones en disturbio, se pone en peligro la humanidad.

Los Estados que firmaron este tratado con vigencia ilimitada, se comprometieron a prohibir la realización de pruebas nucleares en sus territorios, así como fabricar, adquirir, almacenar o emplazar directa o indirectamente armas nucleares.

Dentro de los participantes del tratado son 33 estados de América Latina y el Caribe: Antigua y Barbuda, Argentina, Las Bahamas, Belice, Bolivia, Barbados, Brasil, Venezuela, Guayana, Haití, Guatemala, Honduras, Granada, Dominica, República Dominicana, Colombia, Costa Rica, Cuba, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Salvador, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Suriname, Trinidad y Tobago, Uruguay, Jamaica, Chile y Ecuador.

De manera más específica, una vez que Cuba hubiera entregado su ratificación al tratado, en el año 2002 el Tratado de Tlatelolco entró en vigor en toda la región de América Latina y el Caribe.

El trabajo dedicado al tratado sirvió para elaborar los principios ideológicos básicos de una zona libre de armas nucleares, principios que más tarde fueron incluidos en las respectivas formulaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Es imperativo que dentro de las prioridades de la agenda de política exterior de nuestro país, como actor de responsabilidad global, velar siempre por la paz y seguridad, así como por los derechos humanos.

Debemos entender que más allá de cualquier etiqueta política y social, así como de las estrategias internacionales que sientan sus bases meramente en el fortalecimiento de su poder, estamos hablando de VIDAS, misma que hay que proteger, preservar y apoyar para su desarrollo.


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