Estamos en el sexto mes del año dedicado a la familia parroquial por Mons. Francisco Javier Chavolla Ramos y este es mi sencillo aporte a la reflexión de este mes. En las reflexiones anteriores he dicho que usó un lenguaje de divulgación y citación sencilla para que la lectura sea ágil. Espero les sirva.

Por muchos años hemos escuchado la frase: “el futuro son nuestros niños o nuestros jóvenes”. Lo cual es un grave error de apreciación porque los niños y los jóvenes aprenden de nosotros los adultos, y por supuesto que ellos no son responsables de las estructuras y las ideologías predominantes en nuestro mundo y en nuestra nación.

Maturana, premio nacional de ciencias, ha insistido muchas veces que los adultos no queremos hacernos responsables de nuestros actos y proyectamos nuestras esperanzas pregonando que “los niños son el futuro del mundo”, y yo digo que claro en cierto sentido y en el más genérico puesto que sin niños y sin jóveves no hay futuro, de dónde pues saldrían las nuevas generaciones. Pero yendo al fondo del asunto de dónde podrán tomar las herramientas necesarias los jóvenes y los niños para que su actuar sea responsable si los adultos del mundo de hoy en su mayoría no lo somos o no lo aceptamos. Por ejemplo, nos quejamos de su aprendizaje y preguntemos quién hace los planes y programas de estudio de niños y jóvenes?; nos quejamos de sus diversiones, y preguntémonos quiénes son los adultos que crean la tecnología, los lugares y los espacios de convivencia y esparcimiento que muchas veces arrebatan a los niños y Jóveves la inocencia y la esperanza. Insisto, quién lleva a cabo el financiamiento de todo lo lúdico y atractivo para niños y jóvenes que los hace ludopatas y adictos? Porque de verdad que ellos no lo hacen, sus finanzas ni siquiera se los permiten. Puedo descender un poco más a cuestiones conductuales aprendidas en el hogar: quién da a los niños teléfonos y tabletas que los insensibilizan a la larga?

En mucho, lo dicho anteriormente está sustentado por la teoría del TEPT (transtorno de estrés postraumático), algunas veces los papás o responsables de los niños creen que el hijo hace un berrinche o le dan el celular o la tableta para tranquilizarlo cuando el niño está presentando síntomas de poca o nula tolerancia, y muchas veces desencadena en manifestaciones de ansiedad y enfado que llevan angustia y culpabilidad, incluso esto puede desembocar en psicosomatizar.

Jesús mismo hizo una gran revolución de ternura y amor acogiendo a niños y jóvenes, cuando en su época los niños eran tenidos por impuros, debido a que juegan con tierra, lodo y lo que los puede manchar. Quién no ha visto a un niño que de tanto jugar y correr le resbala el sudor con mugre que se le ha pegado! Y quién no ha vivido la experiencia de adultos intolerables a estas manifestaciones de los niños y jóvenes, pues los quisieran impecables como muñecos de Barby o de Ken.

Los niños y los jóvenes, al igual que todo ser humano, son un inapreciable regalo de Dios y Jesús trató a los niños como personas, como seres humanos e hijos de Dios, es decir con el mismo valor y respeto que a los adultos; reivindicó a los jóvenes y él mismo se hizo niño y nació de una joven pobre de Nazaret llamada María y ella fue su madre, maestra y discípula (véase Mateo 18:1-4; 19:13-15; Marcos 9:33-37; 10:13-16; Lucas 1,26-37; Juan 1,29-34 y 45-50). Jesucristo muere joven, resucita joven y es quien mejor puede entender al joven. Les aseguro que nadie se va a arrepentir de llevar a los niños y a los jóvenes a un encuentro personal y pleno con Jesús el amigo que nunca falla, e invito a los no tan jóvenes a revivir nuestro encuentro con Jesús y a volver a darnos al cien a él y a su proyecto para todos sin marginar niños ni jóvenes.

Los niños y los jóvenes son muy valiosos y son un reflejo de lo que somos los adultos, asumamos nuestra responsabilidad pues nosotros somos la mejor garantía de un futuro mejor para ellos. Piensen que esto que estamos dejando a los jóvenes y niños no se lo merecen.

El autor es Profesor en Universidad Autónoma del Estado de México.

Estudió Sacerdote y Especialidad en Bioética en Universidad Autónoma del Estado de México.

Estudió en Seminario Diocesano de Toluca

Sacerdote Daniel Valdez García