Mi religión me prohíbe actuar

Carlos Navarrete Ruiz (1958), que se desempeñó como presidente del PRD, fue compañero de partido de Andrés Manuel López Obrador, ahora presidente de la República. Lo conoce bien.

Navarrete, que fue senador de la República (2006-2012), plantea una hipótesis religiosa, para explicar la estrategia de seguridad del presidente.

López Obrador en repetidas ocasiones, de manera particular en sus comparecencias mañaneras, ha dicho que es cristiano y que se inspira en el Nuevo Testamento.

Lo que el presidente sostiene en sus afirmaciones religiosas revela que pertenece a alguna de las iglesias del movimiento evangélico particularmente pentecostal.

Esa manifestación del cristianismo es una expresión muy conservadora y es público que recibe apoyo y financiamiento de la derecha más radical de los Estados Unidos.

En versión de Navarrete, que presidió el Senado en 2009, las convicciones religiosas del presidente le impiden ordenar que las fuerzas armadas tomen la iniciativa, para enfrenar al crimen organizado.

Hacerlo sería un pecado grave porque violaría el quinto mandamiento que dice “no matarás”.

La hipótesis de Navarrete parece confirmarse cuando el presidente ha dicho en muy diversas ocasiones que su estrategia frente al crimen organizado es la de los “abrazos y no balazos” y de invitar a los criminales a “portarse bien”.

Recientemente el presidente afirmó que se guía por el Nuevo Testamento y no por el Antiguo Testamento que sostiene la Ley del Talión: “Ojo por ojo, diente por diente”.

De la afirmación se deriva que ante los golpes del crimen organizado no se debe reaccionar sino dejar que las cosas pasen y que en algún momento, por el amor, como lo predica el Nuevo Testamento, todo se habrá de resolver.

Expresión paradigmática de este comportamiento es la orden del presidente, comandante en jefe de las fuerzas armadas, de que en Culiacán se liberara al hijo del Chapo Guzmán, para evitar el enfrentamiento.

Navarrete, que siempre ha militado en la izquierda, sostiene que hay órdenes expresas del comandante en jefe de que las fuerzas armadas nunca tomen la iniciativa. Eso me lo han dicho también algunos gobernadores.

El presidente solo autoriza la reacción de las fuerzas armadas en los casos evidentes de legítima defensa. Acepta que se responda al fuego, pero no que se tome la iniciativa. El crimen organizado lo sabe.

La hipótesis de Navarrete es plausible y hay elementos que la avalan. En el futuro se debe dar seguimiento a los mensajes religiosos del presidente, pero sobre todo a la operación de la estrategia.

Al parecer la inacción del gobierno ha incrementado la disputa entre los cárteles por el control del territorio y elevado los niveles de violencia que son los más altos desde que hace 25 años se tiene registro oficial de los mismos.

 

Twitter: @RubenAguilar

 

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