Así viven hoy los bisontes abandonados en una isla hace 100 años tras grabar una película

Desde 2012, los americanos cuentan en su calendario con el Día Nacional del Bisonte Americano, siempre celebrado el primer sábado de noviembre. De hecho, en mayo del 2016, el presidente Barack Obama selló la designación del bisonte como el «mamífero nacional» de Estados Unidos, pasando a convertirse oficialmente en símbolo del país junto con al águila calva, declarada símbolo nacional en 1782.

Así pues, el bisonte americano, también conocido como búfalo, es una especie más bien venerada, que supone todo un símbolo. Además, se trata del mayor mamífero del país, cuyos ejemplares adultos pueden alcanzar un peso de 900 kilos y una altura de 180 centímetros.

Existen grandes manadas de bisontes desperdigadas por todo el país, pero hoy nos centraremos en una cuya historia y origen es bastante especial. Nos referimos a los bisontes de Santa Catalina.

Esta población de bisontes es completamente única. No pasta por las praderas del parque Yellowstone, ni en las vastas planicies de Wyoming o Montana, donde uno espera normalmente ver a estas majestuosas criaturas. No.

Estos ejemplares llevan viviendo en la Isla de Santa Catalina, a 35 km de las costas californianas, desde hace casi 100 años. El origen de su llegada a la isla, y la increíble historia que hay detrás, tienen que ver con la industria de Hollywood, un empresario adinerado y un método experimental de control demográfico.

bisontes pastando

En 1924, la compañía cinematográfica Lasky trasladó 14 ejemplares de bisonte hasta la isla, para su debut en la gran pantalla. Sin embargo, los historiadores no se ponen de acuerdo para el film en el que debían aparecer: El ocaso de una raza o La horda maldita. Nadie puede responder a tal pregunta ya que finalmente no aparecieron bisontes en ninguna de las dos.

Cuando productores, actores, guionistas y cámaras terminaron su trabajo, era hora de volver a casa. Sin embargo, el elevado coste del traslado de los animales hizo que se quedasen allí. Desde entonces, viven en la isla haciendo lo que mejor saben hacer: pastar y reproducirse.

Como 14 ejemplares podrían suponer una escasez de variedad genética, el empresario y magnate de la industria del chicle William Wrigley llevó hasta la isla 24 ejemplares de bisonte más.

Para los años 60, la población de estos animales había crecido hasta niveles desorbitados, mermando el equilibro del hábitat y la biodiversidad de la isla.

Así fue como se empezaron a realizar trasladaos de la isla al continente reiteradas veces, todo siempre para controlar el crecimiento demográfico desmesurado.

Actualmente el control demográfico se lleva a cabo de una manera más inteligente. Los animales, monitorizados, son inyectados con un líquido llamado PZP, una vacuna que actúa como anticonceptivo.

La vacuna «engaña» al sistema inmunitario de las hembras, al conseguir que sus anticuerpos se unan a sus propios óvulos, lográndose que ningún espermatozoide llegue a su destino.

Antes del experimento anticonceptivo de la organización de conservación, más de dos tercios de las hembras de bisonte parían cada año.

Sin embargo, en el primer año de la operación, tan solo el 10,4% tuvo crías; el segundo, el porcentaje bajó al 3%; por último, en 2013, solo nació una cría de bisonte, bautizada como Uno. Un programa que se detuvo en 2015 y que no se volverá a activar hasta que los conservadores consideren oportuno para mantener el equilibrio en la zona.

Hoy día podemos visitar la Isla de Santa Catalina, cuya principal atracción son estos magníficos animales (¿acaso teníais dudas?). De hecho, allí lo venden como una especie de safari de búfalos, sin tener que ir hasta Yellowstone para verlos en persona.

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