Dilema – Revocación

Como no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, en esta colaboración adelantaré imaginariamente tres años el reloj político.

Andrés Manuel López Obrador ofreció, habrá que ver si lo cumple, que someterá su gestión presidencial a una consulta de “revocación” a los tres años de ejercer el poder. En julio del 2021 se estará viviendo ese momento. Si lo que ha sucedido en las primeras semanas de su desempeño, extendido por el periodo de las elecciones a la fecha en el que su activismo fue desbordado, los pronósticos no le son halagüeños.

A la manera de un “caput” o guillotina inclemente. En treinta días se han cortado las cabezas de la hidra polifacética de una burocracia privilegiada, corrupta e inepta que floreció en los últimos 18 años (Fox-Peña) que operó el modelo neoliberal es su fase más depredadora. No le falta razón a Andrés Manuel para instrumentar esa medida.

Sin embargo, no sólo se desprende de los cerebros cultivados en las escuelas conservadoras y reaccionarias –a su decir-, sino que también extiende la cegadora a las manos intermedias que, bajo encargo operaron las políticas públicas que favorecieron a grandes capitales nacionales y extranjeros. Adicionalmente, recorta sueldos y prestaciones a rajatabla aún a costa de violentar leyes laborales vigentes; ese tema será, en su momento, resuelto en definitiva en tribunales que se verán obligados a respetar la letra escrita.

El riesgo que asume, es que los funcionarios nombrados no obedecen estrictamente a capacidades probadas sino más bien a cuotas electorales que se distribuyen generosamente puestos públicos. Las medidas de cambio son instrumentadas sin suficientes razonamientos técnicos y sin medir las consecuencias que pueden suscitarse en las finanzas nacionales.

La novatada es más delicada en el terreno político, en donde se han exacerbado las confrontaciones. La lamentable operación del evento de Puebla en el que pierde la vida la gobernadora y su poderoso esposo es calificada como resultado de la forma que impone el estilo desparpajado de las descuadradas conferencias mañaneras en donde la ocurrencia es el signo dominante.

A lo anterior se suma la respuesta de los grupos delincuenciales que no se intimidan ante las nuevas autoridades y el programa de fortalecimiento de las fuerzas armadas en el combate al crimen. Las estadísticas iniciales son desfavorables a la administración naciente.

Finalmente, la operación del legislativo está sobre representada y las promociones del ejecutivo se procesan al más viejo estilo del mayoritazo priista de los años setenta. La cargada se refleja en la imposición de cuanta gestión del ejecutivo es presentada a la cual, sin mayor tramite, se le da curso; las delicadas leyes de ingresos y egresos del presupuesto así lo evidencian.

El horizonte es preocupante si se lleva a cabo el referéndum prometido. El resultado puede ser sorpresivo y generar una crisis política de indeseables consecuencias. López Obrador debe actuar con la serenidad con la que regularmente convoca a sus adversarios, es momento de la prudencia y de convocar a la reconstrucción del deteriorado tejido social.

Bienvenido, Andrés Manuel López Obrador al fascinante mundo de la medicina forense. Como el perspicaz investigador Columbo que así recibía a sus discípulos, así el recién inaugurado presidente de México se debe sentir al lado sus novatos colaboradores.

Pero el tema da más que para una serie de televisión, es la cruel realidad con la que desde ahora se despertará Andrés al enfrentar sus tradicionales conferencias mañaneras. La mala suerte le ha pegado en el centro de flotación.

Cometió graves desatinos en su desparpajada manera de enfrentar a sus opositores a los que regularmente califica de neofascistas y mezquinos. También los ha llamado por su nombre y apellido, y hoy los de Marta Érika y Rafael Moreno Valle resonarán como martillos en su conciencia. No porque, hasta ahora, se le endilguen como víctimas, si no porque al haberlos confrontado desde el poder, se convirtió en un sospechoso gratuito.

El mundo sereno, pacifico y de amor que prometió en su campaña y presidencia anticipada se ha desvanecido. El país no está en calma, las finanzas a punto de reventar, las acciones de sus imberbes colaboradores intrascendentes y contradictorias, las barbajanerías de sus aliados como Noroña Casado no resisten a la inteligencia y las buenas maneras, la forma de arribar al poder a raja tabla tendrá consecuencias en tribunales laborales y civiles que tendrán que enmendarle la plana. Y solo es el principio.

El percance de Puebla ha causado graves estragos, la manera de abordarlo inadmisible. Ante las cámaras de televisión un Secretario de Seguridad balbuceando y despistado no alcanza a dimensionar su responsabilidad, asistido de “técnicos “ que en cada expresión se contradicen, dejan en el suspenso el alcance de la tragedia y alimentan las dudas.

Tratando de esquivar hipótesis sobre las causas, pronto descartan el posible atentado él que en las redes sociales es asumido y denunciado con escarnio. Las primeras imágenes presentan un paisaje dantesco repetido hasta el cansancio como golpes que estallan en el cerebro: un maizal desolado, espectadores circunstánciales alterando la escena, inexistencia de cuerpos de rescate, voces en off que ofenden, y restos mecánicos que no pueden ser asociados al aparato en su imagen original.

La ceremonia luctuosa, diseñada como día cívico o mala copia del espectacular escenario ordenado por Felipe Calderón años atrás para despedir a su cercano colaborador desaparecido en un accidente de similares circunstancias. Un merolico en el micrófono dictando una oración fúnebre que suena a tambores de guerra implorando venganza inmediata, y una representante presidencial que trastabilla en su eterna caminata en la que es vituperada por el respetable que la acusa de asesina y exige su salida inmediata. Peor imposible.

Inusualmente Andrés Manuel se ausenta de las cámaras, toma distancia seguro de que no podrá ir más allá de lo que sus emisarios han realizado y seguramente consciente de que esta situación marcará su gobierno, aún en el eventual caso de que se concluya que todo fue error de pilotos, fácil salida ante la falta de claridad en las investigaciones que soslayarán las más atrevidas elucubraciones.

Golpe político que debe propiciar un cambio radical en la manera de ejercer el poder en quien hasta hoy deja mucho que desear. Se impone, por el bien de país, que se ofrezca un proyecto diferente de gestión pública y política.

 

 

 

 

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