De ideólogos a propagandistas

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Durante siglos los intelectuales han sido los depositarios del saber, los intérpretes de los tiempos y los difusores del conocimiento. Su tarea consiste en hacer un ejercicio público del diálogo, la crítica y la razón para intentar definir la buena sociedad y la mejor forma de gobierno. Unas veces perseguidos y otras al lado de los poderosos, siempre su función social se caracteriza por ejercer un pensamiento temerario que indica el camino a seguir ofreciendo argumentos creíbles. Los intelectuales son los portadores de ideas, los ideólogos, los que ofrecen interpretaciones del mundo y explicaciones sobre la realidad; son quienes tienen la tarea de realizar análisis y reflexiones que permitan entender la situación del momento. Son en una palabra, los custodios del amplio legado de ideas que brindan identidad a una colectividad.

Es sabido que actualmente los intelectuales se encuentran en crisis, particularmente aquellos que se identifican con las concepciones y modalidades de la política que se definen de izquierda. Considerados una especie en peligro de extinción después de la caída de la utopía socialista, se están reinventado pero ya no como ideólogos sino como simples exponentes del pensamiento débil frente al proyecto secular de construcción de una sociedad superior, más libre y justa. En los últimos tiempos su papel se ha reducido principalmente a ser propagandistas de políticos y estrategias definidas por un pequeño círculo de jerarcas, y a formular elogios y justificaciones sobre sus acciones o declaraciones. Es el caso del izquierdista partido Morena cuyos ideólogos no ofrecen ideas, reflexiones o estrategias sobre el camino a seguir en la conducción de México o al menos para caracterizar la actual coyuntura de crisis, sino que además, guardan un incómodo silencio cuando testifican el sacrificio de los grandes ideales de izquierda en aras de los pragmáticos cálculos políticos.

Pobre cultura de la izquierda revolucionaria de nuestro tiempo. Justamente hoy que se puede palpar un inminente cambio de época y que le ofrece una innegable oportunidad histórica para proponer una nueva mirada sobre el futuro de la democracia en México, se encuentra impávida, paralizada e incapaz de ofrecer respuestas a los problemas de los ciudadanos. Permanece totalmente inmersa en la cultura del viejo mundo político de clientes y caudillos. Durante largos periodos se exigió una redefinición democrática de la izquierda mexicana. La ambición por el poder dejó para mejores tiempos la actualización de los valores e ideales de libertad, justicia y tolerancia para las nuevas circunstancias. Por ello se observa a la izquierda morenista sin brújula, desorientada e incapaz de justificar coherentemente sus opciones y alianzas político-electorales.

No puede haber política sin ideales, y ciertamente, no puede existir una política de izquierda sin ideas. Por fortuna, la izquierda laica, progresista y democrática también representa a mucha gente honesta e inteligente que rechaza someterse a ese asfixiante universo que ofrece el partido jerárquico y monolítico que es Morena. Se trata de grupos de ciudadanos que tienen la necesidad de reaccionar, de enfrentar la raíz de los problemas, de romper las prácticas de corrupción, impunidad y clientelismo. Pero lo más importante, de liberarse de las estrechas jaulas mentales en que el lopezobradorismo ha colocado a sus ideólogos e intelectuales.

Correo: [email protected]

Twitter: @isidrohcisneros

Página electrónica: agitadoresdeideas.com

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