El inicio del año ha traído consigo, lo que adelanta será una batalla sin cuartel, cruenta y quizá, vacía a la vez.

Precampañas vacías, audios y videos manipulados, discursos sin propuestas y rumbos claros de país, intentos desesperados por ganar popularidad y conocimiento, otros tantos por la polarización y la victimización, encarnada en una sola persona. Guerra sucia pues… precampañas sin sustancia.

Lastimosamente, es justo lo que la clase política entiende que nos gusta como electorado, lo que nos atrae. Lo que se entiende, es la manera de convencer, de orientar el voto hacia uno u otro lado.

De convertir la premisa de que, “la percepción, es realidad” en verdad y aprovecharla.

Lo cierto es que, en un panorama de crisis severa, con la inflación en un 6.63% aproximadamente, un crecimiento económico de alrededor del 3% y un malestar generalizado. El caldo de cultivo para que las elecciones se violenten rápidamente, está listo para ebullición.

No hay propuestas claras en ninguna parte, lo único que se vislumbra, es quizá, la diferencia entre lo que pudiera ser una continuidad de cierta estabilidad institucional, empresarial y económica, y la promesa de la redención populista de las masas y el mandar al diablo a las instituciones.

La lucha final, tendrá que ser entre 2, no existe lugar para un tercero. Andrés Manuel López Obrador, lleva ventaja.

Su posicionamiento, derivado de sus casi 13 años de campaña presidencial incesante, lo colocan en la delantera del conocimiento, mientras que sus principales contendientes, empiezan el camino del posicionamiento. Tanto José Antonio Meade Kuribreña, como Ricardo Anaya, utilizan la precampaña para ello, y lo hacen en detrimento el uno del otro, saben que, si no hay contrastes entre los 2, ninguno cerrara la elección para hacerla de dos, para llegar a la final contra quien desde ya les lleva una ventaja de tiempo importantísima.

Sin embargo, estoy dispuesto a apostar que la, “final” si así se puede llamar, será entre José Antonio Meade y el Sr. López.

Quien no ha entendido que por más estrategas y productores que traiga en la bolsa, beneficiarios de su acceso a millonarios recursos a través de su partido político, su red de “recaudadores nacionales” y sus nexos inexplicables con fuentes de financiamiento dudosísimas, e incluso, que por más que su esposa le cante lo que es su defecto, no su virtud. Su necedad, terminara finalmente por mandarlo a su rancho…

Por cierto, ¿alguien ya le reclamó porque la última elección no se fue para allá?

¿Se podría tomar como promesa incumplida?

Nos espera una guerra sin cuartel en el 2018, una guerra que apenas comienza…

Fabian Otero Aguilar

*El autor es Director de Servicios Regionalizados en el SEIEM Estado de México.

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