Hace un par de años tuve la oportunidad de participar en algo que desde mi punto de vista iba a fortalecer la conservación de la biodiversidad en México y generar amplios beneficios a las personas dedicadas al aprovechamiento sustentable de la vida silvestre, especialmente a las comunidades rurales. No sólo se trataba de un trabajo cotidiano -siempre había algo que rompiera la rutina-, elaborar la lista de especies y poblaciones prioritarias para la conservación, que de acuerdo al artículo 61 de la Ley General de Vida Silvestre (LGVS), la Secretaría Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), previa opinión del Consejo Nacional de Vida Silvestre (CONAVIS) elaboraria dicho listado y se publicaría en el Diario Oficial de la Federación.

Dicha tarea fue multidisciplinaria, donde participamos un grupo de especialistas del sector ambiental del gobierno federal, encabezado por la Dirección General de Vida Silvestre (DGVS), la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) y el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC).

El trabajo consistió en integrar una lista de especies consideradas como prioritarias identificadas en distintos programas de la SEMARNAT, como lo era; el Programa de Conservación de la Vida Silvestre y Diversificación Productiva Rural, la Estrategia Nacional para la Vida Silvestre, los Programas de Recuperación de Especies en Riesgo de la CONANP, la NOM-059-SEMARNAT-2010, así como otros listados y establecer los criterios para evaluarlas, posteriormente se llevó a cabo una consulta con académicos especialistas en distintos grupos taxonómicos, donde participaron 111 especialistas de 37 instituciones.

Los criterios que se siguieron para establecer el listado de las especies y poblaciones prioritarias consistió en; su importancia estratégica para la conservación de hábitats y de otras especies, la importancia de la especies o población para el mantenimiento de biodiversidad, la estructura y el funcionamiento de un ecosistema o parte de él, su carácter endémico y cuando se trate de especies o poblaciones en riesgo y sobre el alto grado de interés social, cultural, científico o económico.

Además, se consideraron prioritarias por diversas razones, por ejemplo: carismáticas, especie clave, representante de algún ecosistema, relevancia filogeográfica o evolutiva, uso tradicional, valor cultural, valor económico y riesgo de extinción.

Contando ya con un listado de especies candidatas se realizó un taller de discusión y análisis con expertos en estrategias de conservación, donde se analizó con visión estratégica las especies de mayor prioridad en términos de conservación, y que por sus características permitan optimizar los esfuerzos de conservación y maximizar los beneficios hacia otras especies, hábitats de importancia y ecosistemas.

Este listado no pretendía ser una lista de especies en riesgo -tema de la NOM-059-SEMARNAT-2010-, sino una lista de especies que ofrecieran oportunidades sostenibles y dar mayor alcance a los esfuerzos de conservación, dicho listado ya se encuentra publicado en el Diario Oficial de la Federación, y se proponen 372 especies de plantas y animales.

Donde el objetivo central de este listado radicaba en que al conservar especies que requieren de grandes extensiones de hábitat, que son carismáticas o que son de importancia para el hombre, sería posible atraer la atención pública, y destinar recursos nacionales e internacionales y esfuerzos para la protección de su hábitat, ecosistemas o formas de aprovechamiento sostenible y proteger a su vez numerosas especies asociadas y comunidades biológicas. La SEMARNAT daría prioridad a la promoción de proyectos para la conservación y recuperación de las especies enlistadas, se veía como un gran instrumento de política pública.

Sin embargo, este listado de especies prioritarias para la conservación ha quedado en la sombra, su promoción y difusión por parte de la Secretaría ha quedado en el olvido, política sustentable que no ha sido aplicada e instrumento sostenible que no ha sido correctamente utilizado por los responsables en el manejo de la vida silvestre, si bien es cierto que nuestra legislación ambiental presenta vacíos, también la forma de aplicarla o utilizarla como herramienta no ha sido la adecuada, ya que desconocemos sus alcances. Es importante mencionar y de forma especial a todos aquellos que realizan esfuerzos en la conservación de nuestra biodiversidad -médicos veterinarios, biólogos, agrónomos fitotecnistas, responsables técnicos, etc.- que en los artículos 61 y 62 de la Ley General de Vida Silvestre cuentan con un gran instrumento para la conservación, recuperación, reproducción y reintroducción a su hábitat, de especies y poblaciones prioritarias, acciones encaminadas a la sostenibilidad de nuestro patrimonio natural.

El problema no está en nuestras autoridades, ni en la política o en las regulaciones, el problema es que como sociedad no hacemos política y no nos interesan las regulaciones existentes, las cuales, si se analizan a detalle y aplican de forma correcta, nos ayudarán a cambiar el rumbo, un rumbo con mayores beneficios sustentables.

*El autor es Médico Veterinario por la UAEMex. Ambientalista, incansable difusor de la protección, conservación y desarrollo sustentable de los recursos naturales, y promotor del trato digno y bienestar animal.

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