Explotación y maltrato animal

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Iniciaron las precampañas y los contendientes políticos posicionan distintas temáticas. Aún no escuchamos propuestas concretas de los candidatos respecto a los jóvenes y las mujeres, o para otros grupos socialmente relevantes que luchan por derechos y equidad. Tampoco se observan pronunciamientos respecto a la necesidad de democratizar las instituciones, transparentar la función pública o para atender la enorme frustración social y la creciente desconfianza de los ciudadanos hacia los políticos. Hasta ahora, sólo se perciben discursos viejos y acartonados, así como una visión mediocre de la política. En la agenda democrática de nuestro país destaca otro importante tema para amplios sectores de la población —y sobre el cual tampoco existen posicionamientos— que es el relativo a la protección y los derechos de los animales.

Diariamente se discrimina a millones de personas por motivaciones de género, color de piel, origen socio-económico, lugar de procedencia o cualquier otra diferencia. Quienes se ven favorecidos por tales exclusiones consideran que son totalmente legítimas. No obstante, cada vez más gente piensa de manera distinta. Si alguien sufre un daño, el hecho de tener la piel clara u obscura, o el ser identificado como hombre o mujer no va a hacer que sufra más o menos. Sucede lo mismo cuando consideramos otras razones por las cuales las personas sufren por motivos arbitrarios, irrelevantes o irracionales. Por lo tanto, quienes tienen la capacidad de sufrir y disfrutar tienen un interés en no ser dañados. Si deseamos una sociedad más incluyente tenemos que respetar a todos los seres sintientes que, como se ha demostrado científicamente, también pueden sufrir y disfrutar. Esto implica que no debemos explotar a los animales y tampoco abandonarlos a su suerte en situaciones en las que, si fuesen seres humanos, les daríamos nuestra ayuda.

Por ello, es relevante destacar que este pasado viernes la Cámara de Diputados aprobó reformas a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, que prohíben la venta de mascotas en mercados, tianguis, puestos semifijos y en la vía pública. Se trata de proteger a los más débiles. Cada vez más personas dejan de ver a los animales como meros recursos y pasan a concebirlos como individuos a respetar, lo cual supone dejar de explotarlos y agredirlos de otras maneras. La tortura y el maltrato animal obligan a reflexionar sobre la calidad moral de nuestra democracia y sus capacidades civilizatorias. Dicha normatividad representa un avance importante para evitar tanto el maltrato animal como la explotación de estos seres vivos, precisando que se entenderá por animal de compañía o mascota, el ejemplar de cualquier especie de fauna que, por su comportamiento o conducta natural pueda convivir con las personas en un ambiente doméstico y bajo el cuidado de las mismas.

Se trata de un paso hacia un mundo más justo, porque defender a los animales no humanos es una cuestión de justicia. Representa un cambio cultural modificar la forma en que nos relacionamos con ellos. En lugar de hacerlo dañándolos, podemos hacerlo interviniendo en su favor, como nos gustaría que lo hiciesen los demás en nuestro lugar. Hay mucho que podemos hacer para que la sociedad sea mejor, lo cual incluye a los demás animales. Debemos comenzar hoy mismo.

Correo: [email protected]

Twitter: @isidrohcisneros

Página web: agitadoresdeideas.com

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