Esta semana que inicia, la penúltima del 2017, prácticamente todos los partidos políticos tendrán un candidato para la Presidencia de la República. Habrá actividad electoral en 29 entidades federativas y en la Ciudad de México, en 8 de ellas para gobernador y Jefe de Gobierno, el Congreso de la Unión, Congresos locales y Presidencias Municipales, es decir, un total de 3,326 cargos de elección popular.

Son 25,109,121 jóvenes entre 18 y 29 años de edad que ejercitarán su derecho a votar, pero estos jóvenes no son tan fáciles de encantar; lo vivimos el pasado 19 de septiembre, ellos crearon en conjunto con el resto de la sociedad, los que ya no somos jóvenes, la ratificación de la solidaridad, esa que nace con furia cada 32 años.

Esos mismos jóvenes que se involucran en marchas no virtuales, que están altamente politizados, activistas de carne y hueso que comienzan a mover conciencias transgeneracionales, ya no son los ingenuos que hace décadas se les podían inventar distractores que antes eran anzuelos fáciles de morder.

Tienen acceso desde antes de su mayoría de edad a redes sociales que otras generaciones no saben usar o desconocen su existencia, los mensajes de radio o televisión simplemente no les llegan porque ya no son productos consumidos por ellos, su amo es el internet. Este mercado electoral ya analiza y habla de política; la oferta electoral debe ser de alta calidad, no todo radica en memes y descalificaciones, la hora de la propuesta seria y de efectividad en su operación será tomada muy en serio para el sufragio.

También estos jóvenes están impregnados de los males que aquejan a la sociedad mexicana, muchos han sido víctimas de la delincuencia común y del crimen organizado, sufren de la impunidad y la ilegalidad enraizada y heredada de otras generaciones apáticas.

Escuchan sobre legislaciones que no hubieran tenido cabida hace década atrás, como las relativas a la transparencia y datos personales, o las especializadas en justicia para adolescentes, un nuevo Sistema de Justicia Penal, un Sistema Nacional Anticorrupción impensable, menos aún considerar legislar sobre la participación de las Fuerzas Armadas en la Seguridad Pública ante el fracaso de las autoridades locales para capacitar y dignificar a sus policías, en fin, los jóvenes tendrán la batuta sobre el destino de quienes nos representarán popularmente.

Cómo lograrán encantar y disuadir los candidatos a los jóvenes electores cuando los problemas existentes no son exclusivos o responsabilidad de un régimen o un partido político?

Que preocupa al mexicano preponderantemente? La violencia y la corrupción. Para la primera, existe aunque sea en texto, el Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, emanado de la Ley en la materia que a su vez tiene origen Constitucional, la participación ciudadana sustituyó a la tradicional forma de ejercer la seguridad pública, incluso se le dio calidad de Derecho Humano en nuestra carta magna, y para la segunda se creó el Sistema Nacional Anticorrupción, mismo que se debe seguir fortaleciendo, primordialmente en la parte legislativa, dotándole de mayores facultades y de presupuesto suficiente. Faltan años para modificar esa percepción nacional.

Las campañas electorales por iniciar, utilizarán la bandera de la lucha contra la corrupción, como si el sólo hecho de cambiar de régimen o gobierno modificara las conductas acendradas en miles o quizá millones de personas en nuestro país, los jóvenes si son factor de cambio, ellos ya no realizarán las mismas prácticas, hoy identifican a los corruptos como los personajes en los que no se quieren convertir y los que no quieren elegir, saben que la impunidad es un factor criminógeno que contribuye a la desigualdad, y que abusar del uso de la palabra ANTICORRUPCION la devalúa, peor aún, cuando quienes la enarbolan no tienen la calidad moral para hacerlo.

 

@Ricar_peralta