Fue la semana pasada que estábamos viendo el live stream del Amplifica, concierto “presuntamente” en favor de las víctimas del sismo del 19S, pero no tenía idea de que lo transmitirían en vivo –de pronto se vuelve algo cotidiano poder ver un concierto desde la comodidad de tu sala- lo cual me dejó varias reflexiones. Una de ellas y la que trato en esta columna: las consecuencias de ciertos excesos en la vida de los músicos.

Y como paréntesis, digo “presuntamente” entre comillas porque no trascendió en los medios ninguna crítica por parte de las bandas participantes hacia el mal manejo del gobierno en torno al temblor, lo cual hubiera sido muy importante para cambiar la situación actual de los damnificados que continúan sufriendo por culpa, principalmente, de la corrupción y burocracia gubernamentales, que por cierto no han dicho qué se va a hacer con los millones que donaron artistas y otros países para la reconstrucción, pero ese ya será tema de otro día.

Al momento de sintonizar, Kinky estaba con todo en el amplio escenario aunque la gente no se percibía muy prendida, hasta que interpretaron su hit “A dónde van los muertos” y el Palacio de los “Rebotes” coreó, saltó y gritó. Sólo conozco algunos de los temas más famosos de la banda, por lo que no desaproveché la oportunidad para verla en vivo, pero sinceramente no me atrapó.

Después tocaba el turno a Zoé. El anuncio sí me emocionó. A muchos no les gustará y nunca he entendido por qué es objeto de críticas, no obstante se ha convertido en una banda mexicana importante y reconozco que siempre ha sido de mi agrado. La voz de León Larregui me parece muy distintiva, algo de lo que pocos cantantes pueden presumir. Cualquiera que oiga la voz de Freddy Mercury, por ejemplo, puede decir inmediatamente que se trata de Queen, ¿me explico?

Pero vaya sorpresa que me llevé al escuchar su interpretación en vivo. León tenía una muy buena voz en su juventud, contaba con la entonación, el timbre y la potencia, pero la verdad es que ya no da el ancho. Se le escuchaba muy bajito y por supuesto no tenía el ímpetu que el público espera cuando acude a ver una banda en vivo. Primero pensé que era un problema del audio, pero después me di cuenta de que se le iba el aire y lo confirmé cuando salieron al final todos a cantar “Cuando pase el temblor”, donde quedó totalmente opacado por Gil Cerezo, que tampoco es ningún Arturo de Córdova…

Irremediablemente sentí tristeza. Ya había tenido el gusto de verlos en su concierto en el Foro Sol de hace un par de años, reforzando mi gusto y respeto por la banda, sobre todo por la voz de León. Soy de esas personas que comienzan a seguir un grupo cuando me cautiva la voz o la forma de cantar del vocalista y tal había sido el caso de Zoé. Me acordé de José José. No es que compare el vozarrón del Príncipe de la Canción con León “La regué”, pero me puse a pensar en los motivos que pueden echar a perder una voz característica.

No fumes

La primera razón que me vino a la mente fue el tabaco. Justamente acabo de ver un excelente video que retrata el terrible daño que ocasiona el humo del cigarro a los pulmones y a la garganta, mediante un experimento realizado por Chris Notap y publicado en su canal de YouTube, totalmente recomendable (https://youtu.be/HD__r66sFjk). No pude evitar sentir asco y dolor por todos mis amigos cantantes. ¿Cómo pueden hacerle eso a su cuerpo?

Admito que yo nunca he sido fumadora, en buena medida por el asma que padezco desde niña, y aunque tengo muchísimos conocidos, amigos y familiares que suelen fumar, y bastantito, no puedo comprender la razón por la que alguien querría contaminar su cuerpo adrede. Ni siquiera me sabe rico –así es, sí me he echado un cigarro alguna vez- y además huele feo… ¿Acaso no es suficiente con la contaminación que respiramos diario en la Ciudad de México? Y todavía le meten más humo para rematar. En serio, no comprendo.

Si yo fuera cantante, definitivamente jamás pensaría en fumar. Cantar bien se basa principalmente, además de la capacidad para entonar, en la sencilla razón de poder controlar efectivamente la respiración, técnica que no todos dominan y resulta, por lo tanto, no tan sencilla para algunos. Ahora, imagínense meterle humo para entorpecer la respiración. Seguramente esta fue una de las razones por las que León ya no canta bien, pues siempre lo he visto con un cigarrillo en la mano.

¿Pa’ todo mal, mezcal?

Otra razón que interfiere directamente en la funcionalidad de las cuerdas vocales es el consumo de alcohol. Si fumar entre músicos es común y corriente, el alcohol le dice quítate que ahí te voy. Todos los músicos que he conocido, sobre todo los cantantes, piensan en echarse un tequilita, un whisky o inclusive una cerveza antes de salir al escenario, vaya, lo que sea mientras se trate de una bebida embriagante. La justificación es querer calentar la garganta o “soltarse” para interpretar y moverse mejor. Pero la realidad, según la ciencia, es que el alcohol no sirve para cantar bien.

Recordemos nuevamente el caso de José José. Si bien la pérdida de esa magnífica y envidiable voz se debió en primera instancia a una fuerte neumonía que le dejó un pulmón inservible, fue el abuso de las bebidas alcohólicas lo que le dio la estocada final. Pienso que en el caso de León también el alcohol hizo de las suyas, pues todos recordamos los múltiples episodios en los que se ha evidenciado en total estado de ebriedad.

Basta con googlear “los daños que ocasiona el alcohol en la voz” para que surjan un montón de notas en portales tanto noticiosos, médicos y de academias de canto que tiran por calle el “mito” de que es bueno echarse un traguito antes de cantar, con argumentos y pruebas de por medio.

Lo que sí es que nadie podrá negar que alguna vez ha aplicado la de “pa’ todo mal mezcal, y pa’ todo bien también”. No tengo nada en contra de echarse unos tragos un viernes para relajarse después de una ardua semana de trabajo o de echarse un cigarrito de vez en cuando. Más bien soy enemiga del exceso, pues creo que en todos los casos siempre será dañino para nuestra salud.

Para finalizar, no comparto en lo absoluto la idea de que los vicios son parte de ser músico, sobre todo del rock y sus derivados, porque hay que decirlo, un intérprete de música clásica es mejor visto por la sociedad, aunque no estén exentos de las consecuencias de la “fama” mal entendida, es decir, de que forzosamente conlleva adicciones o excesos.

Así que mi consejo es que si eres músico te olvides por completo de que “sin vicio no hay oficio”, eso es mentira; y si eres cantante no actúes como un kamikaze, máxime cuando tengas una voz privilegiada, así que no fumes ni bebas en exceso a menos que quieras quedarte afónico, mejor disfruta pero sin dañar tu cuerpo y, por consiguiente, a tu proyecto musical. ¡Salud!

* La autora es tecladista de L.E.D.S. (Light Experience & Dynamic Sound) y estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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