Un tema inquietante del proceso electoral 2018 es la equidad en la contienda. Partidos políticos y gobernantes han llevado a cabo indebidas intervenciones en los procesos electivos que vulneran la equidad política como principio básico del orden democrático. La institucionalidad administrativa y jurisdiccional para garantizarla ha venido a menos e incluso, sus efectos negativos han llegado hasta los candidatos independientes. La inequidad trastoca el principio democrático de tratar igual a los iguales y de modo desigual a los desiguales. La importancia de la equidad radica en que es el valor supremo de una convivencia pacífica, ordenada y civil, y representa un bien para la comunidad cuando se establecen determinados criterios de justicia entre los diferentes grupos. La equidad es un valor para el individuo en cuanto ente genérico. Sin embargo, en el lenguaje político no significa nada si no se especifica su relación con la justicia. Allí donde se propugna la equidad es necesario analizar el tipo de relaciones existentes entre las diversas partes de un todo, rechazando la concepción orwelliana de que “todos son iguales, pero algunos son más iguales que otros”.

El concepto y el valor de la equidad presupone para su aplicación, la presencia de una pluralidad de sujetos que buscan establecer el mejor tipo de relación posible, siempre que esté sustentada en la justicia como un reclamo de igualdad. La justicia y la legalidad son representativas de una relación que se dice equitativa porque se lleva a cabo conforme a la norma. Aristóteles consideraba que justo es el individuo que observa las leyes y que justa es una ley que instituye o respeta, una vez que ha sido establecida, una relación de igualdad. La justicia es la virtud que preside un ordenamiento político democrático y para que reine la armonía en la sociedad es necesaria la garantía de equidad. El equilibrio alcanzado solo puede ser mantenido a través de normas universalmente aceptadas. De esta manera, la instauración de la equidad y el respeto de la legalidad son dos condiciones para la conservación del orden desde el punto de vista de la totalidad y no desde las partes. Mientras que la justicia es un ideal, la equidad es un hecho. Los criterios de justicia permiten establecer en que cosa dos entes deben ser tratados como iguales con el fin de dar vida a una igualdad justa. En esto consiste la equidad democrática.

Contrariamente, la injusticia puede ser introducida ya sea por la alteración de las relaciones de igualdad o por la inobservancia de las leyes. La falta de equidad representa un desafío a la legalidad constituida, de la misma forma como el incumplimiento de las leyes establecidas proyecta una ruptura del principio de equidad sobre el cual la misma ley se inspira. No lo olvidemos, la igualdad consiste solamente en una relación, y aquello que le da valor y la transforma en un fin deseable, es necesariamente el de ser justa. Cualquier relación política es perdurable cuando se basa en la justicia. La equidad representa una invocación a la justicia y requiere de reglas compartidas por los diferentes actores políticos para definir con claridad los criterios que deben prevalecer en la contienda electoral. Sin equidad no hay democracia.

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