Los partidos políticos se encuentran definiendo el método que emplearán para seleccionar a sus candidatos en el marco del proceso electoral federal 2017-2018, cuando se renovará la Presidencia de la República y otros 6 mil 342 cargos de representación popular. Para postular a sus candidatos, el PRI anuncia que procederá a través de una convención de delegados, Morena lo hará por medio de encuestas, mientras que en lo individual, el PAN consultaría directamente a sus militantes, el PRD los definiría por medio de un consejo electivo, y Movimiento Ciudadano seguiría procedimientos similares. Estos métodos tradicionales de selección de candidatos, de carácter indirecto, endogámico y poco democrático, cambiarán radicalmente con la integración de la coalición electoral y de gobierno denominada Frente Ciudadano por México, que se presenta como una real alternativa al actual sistema bajo la propuesta establecida en su Convenio de Constitución de poner a los ciudadanos en el centro de las decisiones políticas, para modificar a fondo el significado del acto de gobernar.

Si esto es más que un discurso retórico, el Frente Ciudadano por México debe ciudadanizarse. Recordemos que los candidatos son los protagonistas de los procesos electorales. Su centralidad radica en que representan diferentes alternativas, son quienes compiten por los cargos públicos, realizan las campañas electorales y tratan de convencer a los electores para obtener su voto. Un país es democrático, cuando sus elecciones implican competencia real entre diferentes candidatos y cuando los ciudadanos participan y deciden con libertad entre opciones diferentes. Los candidatos son actores especializados en la tarea de ejecutar funciones de representación política, y los métodos con los que son seleccionados dicen mucho sobre la calidad de cualquier sistema democrático.

En México vivimos una crisis de la política y observamos el agotamiento de las viejas formas de participación. Por ello es urgente una apertura a la sociedad civil por parte de las organizaciones partidarias. Si los partidos políticos dejan de ser el camino para que los ciudadanos accedan en igualdad de condiciones al poder público y obstaculizan, por ejemplo, el derecho a formar nuevas expresiones políticas a su interior, negando otras garantías que este derecho implica. Las autoridades electorales se encuentran obligadas a intervenir en la vida partidaria para constreñir a dichas entidades de interés público a permanecer abiertas a la ciudadanía. Dicha intervención en la vida interna de los partidos políticos, ilustra una nueva tendencia en el derecho electoral mexicano que obliga a una vigilancia administrativa y jurisdiccional de sus programas, principios y plataformas de campaña para que sean cabalmente cumplidos.

La pérdida de sentido de la política impone una radical reforma del modo como los partidos seleccionan a sus candidatos. Un cambio que restituya al ciudadano el derecho a escogerlos y que restablezca los confines del exorbitante poder que los partidos tradicionales han acumulado. Requerimos salir de un esquema donde cuentan más los aparatos, el dinero, el clientelismo y la propaganda, que las propuestas de solución. Un sistema de reglas democrático, moderno y eficiente solo puede consolidarse a través de una radical y profunda “repolitización” de la sociedad, es decir, por medio de la introducción de mecanismos que faciliten, amplíen y hagan realmente efectiva la participación y la representación directa de los ciudadanos.

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