Los jóvenes, nuestra generación de “millennians” está trabajando duro. Que nadie ni nada los detenga. Ni la clase política, ni la sociedad, nada ni nadie debe interponerse entre esta maravillosa generación que nos ha dado dejado varias lecciones de cómo se hacen las cosas.

 

Lección uno: no se puede gobernar sin ellos.

Mientras algunos se despedazan entre ellos para ver quién dirigirá sus “frentes” nuestros jóvenes y sus acciones han venido a modificar el rostro de la política y del discurso, si alguna parte de la clase política había ignorado a esta generación, lo sucedido ha obligado a cambiar el rumbo y ruta de las políticas, el rumbo y ruta de las decisiones, no se les puede ignorar más, no se podrá gobernar sin ellos.

 

Lección dos: no se les puede cooptar.

Mucho ha cambiado. Después del movimiento de 1968 se marcó un punto de inflexión en la historia social y política mexicana, algunos políticos entendieron que a los estudiantes y a la sociedad civil no se les podía menospreciar. Lo que estamos viendo es algo que habíamos perdido de vista, que la sociedad y los jóvenes tienen la capacidad de organizarse solos, que son una fuerza viva y, que por ende no se les puede cooptar, la historia nos da ejemplo de ello.

 

Lección tres: no se les interrumpa.

Están trabajando duro por cambiar la realidad, se han dado cuenta que solo necesitan organizarse para modificar el estado de las cosas, que pueden prescindir la promesa del candidato, que quiera convencerles necesita llegar con resultados, porque ellos están haciendo su parte, que nadie se atreva a interrumpir lo que ha comenzado a partir de ese temblor que cimbró algo más que la tierra.

 

El 2018 será la gran prueba para quienes aspiran al más alto cargo en el país, veremos si se están entendiendo; la lógica con la que hemos cambiado y cuyo avance está siendo liderado por los jóvenes, lo que implica no interrumpir su marcha y fuerza, ahí están, ahí vienen, no se van a detener, la gran pregunta es si estamos dispuestos a aguantarles el paso.

 

Dr. Luis David Fernández Araya

*El Autor es Economista Doctorado en Finanzas, Profesor Investigador de Varias Instituciones Públicas, Privadas y Funcionario Público.

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