Hasta el corte de esta nota, el número de aspirantes independientes a la Presidencia de la República podría parecer excesivo; en el pensamiento más simplista se diría que cualquiera puede llegar al cargo. Pero el siguiente paso es la depuración hasta que sean solo las figuras con mayores posibilidades de triunfar las que contiendan con esa categoría.

 

Y en principio ese es justo el espíritu de esta figura política, pues como lo señala la Constitución “todo mexicano puede votar y ser votado” para cualquier puesto de elección. Que un ciudadano sin filiación partidista pueda evitar esas burocracias hasta llegar al cargo que se desee; que se tenga la capacidad de ejercerlo o sea apto, es otro tema de discusión.

 

Por supuesto que de aquí al día 14 falta aún que se registren personalidades de renombre, en particular el nombre de Margarita Zavala, y algún otro político que considere no tener espacio en los órganos partidistas tradicionales. Y se mantendrá la polémica y las críticas de que estos “independientes” no lo son en cuanto a que no pueden quitarse de un día a otro “la piel partidista” que durante tantos años defendieron.

 

A final de cuentas, insistimos, todos son ciudadanos que pueden ejercer su derecho a inscribirse a través de esa figura. Toca ahora convencer al grueso del electorado que pueden apartarse de su historia política anterior y ofrecer por sí solos ideas, programas y planes viables para afectar en sentido positivo la vida pública y resolver los problemas nacionales.

 

Es de esperarse la necesaria depuración. Aunque se critica el intrincado proceso y la cantidad de requisitos para finalmente obtener el registro oficial, para bien y para mal está en función de que se queden los que cuentan con mayor organización; las capacidades para transparentar el dinero público que recibirán como prerrogativa de campañas es un elemento que no debe minimizarse.

 

Por ello habría que pensar que un número menor a 4 aspirantes independientes es viable que se tengan a principios del próximo año. En cuanto a que ellos puedan servir para pulverizar el voto hacia alguna fuerza o candidato emergente, y que beneficie a otro partido con mayor infraestructura, podría parecer un proceso un tanto inevitable.

 

Pero también podría ocurrir el fenómeno “Bronco”. Uno o dos candidatos que comiencen a entusiasmar a un electorado cada vez más cansado de las opciones tradicionales y cambien todo el tablero y la narrativa de la contienda; allí tal vez no surgirían tantas voces en contra de de estas figuras, como ocurre ahora, con cierto interés en que no sea un partido emergente el que se vea afectado por tanto independiente.

 

Escenarios que la imaginación política, y una buena dosis de especulación optimista, nos permite plantear. Es de esperarse que el proceso 2018 nos depare más de una sorpresa y lo que hoy pueda parecer descabellado, en semanas sea una realidad.