El camino fácil en cuanto al ejercicio de opinión sobre los problemas nacionales es el descrédito, la desinformación o parcialidad, lugar común entre algunos integrantes de la comentocracia. Derivado de ello, la reacción que se tuvo desde la Presidencia de la República durante y después del temblor no ha sido suficientemente sopesada. El Presidente actuó de forma responsable porque estuvo pendiente desde el primer momento, no politizó el tema, supo qué hacer, qué decir, no le ganó el miedo, salió a poner el pecho a diferencia de muchos otros que quieren ese puesto y no demostraron estar a la altura, hicieron “mutis” fue porque no sabían cómo reaccionar.

Porque son las crisis las que nos arrojan a quiénes tienen los arrestos para enfrentar sus efectos, desde lo individual hasta lo colectivo, donde lo que se vivió en México quedará para la historia como reflejo del gran espíritu de nuestra gente, se rescata y con mucho la reacción de la sociedad mexicana, autónoma, digna, organizada, donde encontró a las redes sociales a su aliado inmediato como instrumento de información y acción.

Pero también existió otra reacción que es pertinente llevarla más allá de las críticas de siempre, donde se puede entender el sentido catártico para una sociedad lastimada, pero así como hemos sacado lo mejor de nosotros, es preciso reconocer a las figuras a veces vilipendiadas solo por deporte. Me refiero al Ejecutivo Federal quien sacó a su gabinete de la dinámica de la sucesión y lo puso a trabajar. Fue una actitud resiliente de parte del Presidente, acorde al tamaño de las necesidades del país en este momento.

En México han existido crisis de todo tipo, pero pocas han correspondido a la dimensión de estas, revísese las reacciones y medidas en el terremoto de 1985, revísese las acciones tomadas durante los devastadores huracanes como “Gilberto” en 1988, “Paulina” en 1997 o “Wilma” en 2005, en los que muchos mandatarios se han quedado absortos y no es que deban tener la capacidad de predecir los fenómenos naturales, pero al menos sí de ser resilientes, de eso también se trata la capacidad de gobierno.

Algunos pueden no estar de acuerdo en ciertos aspectos del presente sexenio, lo cual no solo es válido sino que le hace bien a nuestra democracia, pero lo que tampoco podemos negar es que si un mandatario pone el pecho a los problemas es necesario reconocerlo como un primer paso.

Como segundo aspecto, toca pasar a la lógica de un nuevo acuerdo, de un nuevo pacto, reconstruir lo que hemos descompuesto durante estos últimos años, desde la planeación de nuestras ciudades, de la cultura de la prevención, pero sobre todo que dicho acuerdo sea encabezado por un Presidente fuerte como el que respondió en estos momentos de crisis.

Dr. Luis David Fernández Araya

*El Autor es Economista Doctorado en Finanzas, Profesor Investigador de Varias Instituciones Públicas, Privadas y Funcionario Público.

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