La legislación forestal en México se ha desarrollado en etapas, que han sido marcadas por las necesidades sociales que se viven, resultado de políticas públicas trazadas por el gobierno federal, y en algunos casos por los gobiernos estatales.

Políticas públicas que han respondido principalmente a propósitos específicos de manejo, dirigidos al saneamiento, producción y protección forestal. Sin embargo, la actual legislación forestal carece de elementos dirigidos a fortalecer los aprovechamientos responsables y de métodos de mitigación de aspectos ecosistémicos, provocando el deterioro de los recursos forestales y la biodiversidad.

Las transformaciones ambientales producto de actividades humanas han ejercido presiones sobre los ecosistemas; como cambio de uso de suelo, la sobreexplotación de los recursos forestales, los incendios inducidos, etc., estos constituyen un efecto sinérgico con otros recursos naturales, haciendo necesaria la restauración de la política actual.

El manejo de los ecosistemas debe dirigirse de forma responsable y multidisciplinaria, acorde con la intensidad de la actividad humana y de la integridad del ecosistema a manejar, especialmente en escenarios, en los que las perturbaciones humanas o naturales han generado un cambio drástico e hiriente en la cobertura del suelo, inhibiendo el proceso de regeneración.

Se ha observado que en la política forestal de México, el término “restauración” significa “reforestar”, y es en las zonas que de manera natural o artificial se ha perdido la vegetación. La restauración está fundamentada en la reconstrucción cuando se establecen plantaciones forestales, sin embargo dicha estrategia está resultando inadecuada, debido a que el concepto se basa en una población y no en el ecosistema.

De Igual manera existe gran confusión en los términos plantación, reforestación y restauración, ya que se restaura solamente al reforestar, restableciendo la cubierta vegetal del ecosistema, aunado a que no se permite la regeneración natural de especies nativas, y en muchos casos se utilizan especies exóticas para la región, lo que impide un adecuado proceso evolutivo de ciertas especies de flora y fauna silvestre.

Es importante mencionar que plantaciones con ciertas especies introducidas pueden servir como generador para restaurar la vegetación nativa en sitios altamente degradados, y empezar a generar servicios ecosistémicos, tales como; la protección de suelos para impulsar los procesos de sucesión y el restablecimiento de la vegetación nativa.

No obstante, estas plantaciones monoespecíficas pueden tener efectos negativos en el área, como: cambios en las propiedades físicas y químicas del suelo; en la calidad y cantidad de luz que penetra al sotobosque; reducción de las poblaciones de flora y fauna silvestre; y un aumento en la susceptibilidad a las plagas y enfermedades. Los resultados de estas acciones no han sido suficientemente evaluados, pero el enfoque de la política forestal se enfoca al establecimiento de árboles, olvidando que el objetivo de la restauración consiste en restituir los procesos ecosistémicos en conjunto y de tanta diversidad biológica nativa como sea posible.

Restauración formadora de ecosistemas

En México se ha definido que el bosque es una porción de terreno que como mínimo tiene una hectárea de superficie, con una cobertura de dosel de al menos 30%, y una altura mínima del arbolado de 4 metros. Esta definición cumple con los criterios de: cobertura de copa, superficie mínima y altura del arbolado, los cuales pueden estar relacionados con las existencias de biomasa y carbono.

Bajo estos principios se entenderá como bosque degradado, aquel cuyas alteraciones han deteriorado las condiciones de su estructura y composición a un grado en el que su capacidad de resiliencia se ha visto disminuida y en consecuencia, se ha afectado la capacidad del bosque para producir bienes y servicios.

La degradación del recurso forestal es un tema complejo, ya que al igual que otras actividades productivas, los beneficiarios que generan la degradación no pagan sus costos reales y existen mayores incentivos para generar más degradación

El objetivo principal de la restauración deberá ser la recuperación integral de un ecosistema que se encuentra parcial o totalmente degradado, en cuanto a su estructura vegetal, composición de especies, funcionalidad y autosuficiencia, hasta llevarlo a condiciones semejantes a las originales, tomando en cuenta que se trata de un ecosistema dinámico.

Todas las obras o estrategias encaminadas a la restauración del ecosistema deben partir del manejo integral de la biodiversidad considerando los procesos y funciones ecológicos iniciales, en los predios donde se lleven a cabo procesos de restauración se deberán desarrollar estrategias que promuevan  la creación de hábitat para la vida silvestre, considerando que todas las especies de flora y fauna silvestre interactúan entre sí, pero cada una con su función específica, ya sea como polinizador, dispersor o depredador, desempeños vitales para el adecuado funcionamiento de los ecosistemas.

Por lo tanto, no bastará con identificar los factores que provocan tal degradación,  es fundamental revertir estos procesos mediante estrategias como: la reforestación, la bio-remediación, obras de conservación de suelo, frenar la propagación de especies invasoras, manejo de hábitat de flora y fauna silvestre y la zonificación del área para mitigar el cambio de uso de suelo, entre otras.

El desarrollo de estas obras y estrategias deben estar dirigidas por programas que contengan metas claras, bien definidas, con aspectos de sustentabilidad como lo son el ecológico, económico y social e indicadores cuyo objetivo sea asegurar su éxito a largo plazo.

Para restaurar, la sucesión ecológica es imprescindible ya que permite establecer la base sobre los procesos mediante los cuales las comunidades bióticas comprendidas en un ecosistema restaurado responden a las distintas afectaciones y permite valorar si éstas ocurren de manera similar a las condiciones de un ecosistema no perturbado

La sucesión ecológica puede entenderse como un proceso evolutivo natural, resultado de la modificación del ambiente físico por causas internas o externas al ecosistema. Este ecosistema por su propia dinámica sustituye a los organismos que lo integran. El proceso culmina con el establecimiento de un ecosistema biológicamente estable, utilizando especies nativas en la reforestación con fines de restauración, entendiendo que la sucesión ecológica es el camino correcto para dicha tarea ya que permite la continuidad biológica y evolutiva de especies, garantizando su permanencia en los ecosistemas.

Restaurar el estado del bosque a su condición original es una recomendación frecuente, no siempre es posible, sobre todo en los casos donde los procesos de perturbación antropogénica y natural han sido observados por varias generaciones, un ejemplo de ello es el Área de Protección de Flora y Fauna Nevado de Toluca, Área Natural Protegida con más antigüedad en nuestro territorio mexicano, decretado inicialmente como Parque Nacional el 25 de enero de 1936 y modificado por decreto del presidente Lázaro Cárdenas el 19 de febrero de 1937 para establecer una reserva forestal nacional dentro del parque. Nuevamente se modificó el decreto presidencial del Nevado de Toluca, el 1 de octubre de 2013, para establecerla como Área de Protección de Flora y Fauna.

La restauración debe dar paso a estrategias de regeneración natural, ya que esta tiene claros beneficios para preservar la biodiversidad y proporcionar servicios ecosistémicos en los bosques que han sufrido perturbaciones. La regeneración natural permite recuperar la estructura original y gran parte de la flora y fauna perdida, que es vital en el desarrollo de un ecosistema saludable y en un adecuado proceso biológico-evolutivo.

No existe una fórmula para la restauración, sino que deberá estar basada por varios mecanismos, el problema se agrava por la falta de información de los ecosistemas y de los seres vivos que habitan en ellos, partiendo de información elemental como su clasificación taxonómica, estudios poblacionales, genéticos, valor económico y cultural que brindan a la población.

Para una adecuada restauración se deberán generar mayores compromisos, que esta sea integral, recuperando totalmente el ecosistema, integrando su estructura biológica, composición de especies, funcionalidad y autosuficiencia, con el fin de lograr condiciones semejantes a las originales, compromiso que corresponde a la sociedad civil, responsables técnicos y gobierno, trabajar de la mano para obtener mejores resultados, es lo que demanda un México nuevo.

*El autor es Médico Veterinario por la UAEMex. Ambientalista, incansable difusor de la protección, conservación y desarrollo sustentable de los recursos naturales, y promotor del trato digno y bienestar animal.

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