Juan estaba trabajando el pasado 19 de septiembre, justo antes de sonar la alarma sísmica empezó a sentir el movimiento de ese fuerte temblor que nos cimbro como país, trató de mantener la calma y seguir las instrucciones de protección civil, sin embargo, sólo podía pensar en una cosa: su familia.

¿Dónde estarán los niños?, ¿La escuela sabrá cómo actuar en estos casos?, ¿Estará preparada la maestra?, ¿Dónde estará mi esposa? ¿Habrá logrado salir de la casa?; son minutos los que nos definen en este tipo de eventos, y él solo pensaba que no podía sucumbir al miedo porque tenía que saber si su familia estaba bien.

Cuando al fin logro salir y hablar con su esposa, en el teléfono sólo escuchaba tristeza, su departamento, su edificio, todo se había derrumbado. En exactamente dos minutos perdieron todo lo que tenían, su casa, sus muebles, su ropa, sus joyas, sus recuerdos, todo.

Lo primero que hizo fue pensar en que ellos estaban con vida, que tenía a su familia junta y que eso era lo más importante, lo segundo fue afrontar ese devastador momento en el que te das cuenta que tienes una mano atrás y otra adelante y que todo por lo que has trabajado se esfumo. Juan y su familia se tuvieron que quedar en casa de su hermano mientras pensaban cuáles eran los pasos a seguir.

Por la noche, un poco más tranquilos, Andrés le pregunto a Juan sobre su crédito hipotecario, al otro día, Juan se presentó en el Banco que le había otorgado el crédito y solamente con su identificación oficial, le facilitaron toda la información sobre el seguro que le cobraban de manera mensual a través del mismo saldo de su crédito, y es que cabe aclarar, Juan no sabía que tenía este seguro y mucho menos que condiciones integraban este seguro. En la misma institución financiera le dieron los teléfonos a los cuales podía reportar el siniestro y le sugirieron guardar muy bien el número de folio que le iban a dar al levantar la queja.

Juan, ya marcó a la aseguradora, le dijeron que no sólo cubre la estructura física sino también parte de sus pertenencias, Juan hoy sabe el verdadero valor del seguro, porque además de respaldar el pago de su crédito hipotecario, ahora también tiene con que empezar de nuevo con su familia.

 

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