Los tiempos que estamos viviendo en nuestro país van a modificar nuestros patrones de comportamiento en varios frentes. Vamos a pasar de una etapa de emergencia a la reconstrucción, en donde saldrán a brote otras tragedias como el olvido en el que han estado las regiones más pobres del país.

Lo que pasó durante el mes de septiembre nos duele en todos los aspectos, desde las pérdidas humanas, materiales, el oportunismo de otros, la incapacidad de algunos hasta la lenta reacción de algunos sectores, pero también nos hace voltear a ver a la sociedad, aquella que bajo un solo rostro, levantó escombros, hizo cientos de filas para ayudar, para sumarse, sin importar edades ni condiciones sociales y se hizo uno. Ese es México. Esta actitud ha sido de las cosas loables dentro de la desgracia, no solo reconocidos por propios y extraños, sino que ahora ha quedado en la conciencia colectiva que lo único que necesita la sociedad es ponerse de acuerdo para actuar a favor de algo.

Esta reconstrucción deberá pasar por la revisión de nuestra política de protección civil, tendrá que someterse al escrutinio a aquellos servidores públicos que sacaron provecho de la desgracia, se tendrán que revisar las condiciones y mecanismos para la construcción de viviendas. Todo este proceso ha sacado a relucir lo mejor y lo peor de la sociedad mexicana, ahí está el caso de la rapiña y del lamentable oportunismo de algunos que confunden a la catástrofe con una “selfie”, que creen que este es un momento para hacer público su heroísmo por haber salido a dejar una despensa.

Estamos obligados a no ser los mismos después del terremoto, porque si algo ha resonado en México y en el mundo es la infinita capacidad de solidaridad de las y los mexicanos, pero ahora es tiempo de procesar lo sucedido, de trasladarnos de situaciones movidas por la emoción hacia la planeación, sin perder que lo ganado en espíritu se pierda en el anecdotario nacional.

Lo sucedido nos cambia, modifica prioridades, agendas públicas y privadas rumbo al 2018, porque hasta hace un par de semanas atrás esperábamos que el próximo año fuera igual en cuanto promesas de campaña y gastos electorales, algunos partidos con mejores propuestas que otros, pero sin modificaciones de fondo, pero no, hoy la naturaleza nos vino a decir que o nos reinventamos o nos perdemos en el camino, y estoy cierto así como demostramos nuestra enorme capacidad de coordinación no vamos a permitir que nos suceda.

Algo cambió en México y no es una inercia casual.

 

Dr. Luis David Fernández Araya

*El Autor es Economista Doctorado en Finanzas, Profesor Investigador de Varias Instituciones Públicas, Privadas y Funcionario Público.

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