Diagnósticos existen, el diseño institucional está listo, los plazos legales también, se requiere en estos momentos de la continuidad a los pendientes más apremiantes que permitan echar a andar las políticas públicas anticorrupción en el país.

El camino trazado es el adecuado, los instrumentos anticorrupción van en el sentido correcto, falta pasar del papel a la acción para que la sociedad no sienta que el tema se está postergando.

Es preciso reconocer que el camino en esta materia es largo, que pasará por un proceso de madurez normal, donde actores y sociedad debemos asumir a la lucha anticorrupción como una constante, donde sin duda, el mecanismo de prevención será el saque inicial de esta ardua labor que tenemos de frente, donde servidores públicos y privados sepan que sus denuncias tendrán eco dentro de los diferentes organismos e instrumentos que las leyes establecen.

Pero debemos de ser claros, los resultados no serán automáticos, no serán por “generación espontánea”, sino que requieren del trabajo permanente de los actores, donde se diga qué está funcionando y qué no. Por ello el papel de quienes coordinarán estos esfuerzos será clave mismo que debe acompañarse de una revisión y capacitación de los servidores públicos, teniendo siempre a la ética pública como eje rector de todo el sistema anticorrupción.

Porque de eso se trata la lucha anticorrupción, de hacer de la ética un trabajo inherente en cada actuación.

Para institutos como el IMCO desterrar la corrupción nos puede llevar una generación, sin embargo, me mantengo optimista y creo que todo el diseño institucional actual logrará avances, pero esto no será posible sin el apoyo total de la población, mismo que se conseguirá en la medida que dejemos de postergar las políticas. Si bien, la tarea por venir es enorme, porque la corrupción es un tema de percepción, donde México ocupa el lugar 95 de 123 en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, tan solo en América Latina, su lugar es el sexto entre los países con la mayor percepción de la corrupción. Entre los países de la OCDE somos el país con la peor reputación en esa materia.

Las causas de la generación de la corrupción son variadas y complejas, que tampoco podrán ser atendidas con un listado de buenas intenciones, porque al tener factores individuales, económicos, sociales y legales, requiere de una atención integral y eso es una de las ventajas del sistema anticorrupción que reconoce que no se puede atender el tema solo con políticas públicas punitivas, sino acompañada de la promoción de valores educativos.

 

Dr. Luis David Fernández Araya

*El Autor es Economista Doctorado en Finanzas, Profesor Investigador de Varias Instituciones Públicas, Privadas y Funcionario Público.

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