Cuando se habla de “festivales” siempre se piensa en una fiesta, en un lugar dedicado al arte o donde un artista será cobijado para expresar libremente su disciplina y lograr una conexión con la sociedad a través de su propuesta.

En México hay muchos festivales dedicados a la música, lo cual se agradece. Sin embargo, dichos espacios son destinados en su mayoría para las bandas consolidadas, tanto nacionales como extranjeras. Sin duda organizar estos conciertos no es malo pero invariablemente se deja de lado a las bandas emergentes que sufren por encontrar espacios para darse a conocer, limitándose a presentar su música en pequeños foros y bares de sus localidades, que a veces no llegan a tener la proyección que se requiere para dar el salto como un grupo reconocido.

Si bien hay festivales de talla internacional en México, como el Cervantino en Guanajuato y Quimera en Metepec, por mencionar algunos, éstos generalmente no brindan el espacio necesario a los grupos independientes que apenas empiezan. Es cierto que se realizan convocatorias para que los grupos nuevos participen, no obstante las plazas son muy limitadas y los organizadores, con excepciones, no se toman la molestia de revisar y conocer detenidamente los proyectos participantes, cayendo en la trampa de escogerlos por el número de “likes” en su página de Facebook, o bien, haciendo gala del “poder” que la organización les confirió y dejar fuera a las bandas que no les caen bien, por muy talentosas que puedan ser.

 

¿Cantidad o calidad?

En un mundo manejado por el grueso de los “likes”, los organizadores y representantes de los festivales más reconocidos, de los foros más importantes y de los medios de comunicación, comúnmente son “fintados” por el número de seguidores que tiene una banda en sus redes sociales, lo cual no necesariamente significa que el proyecto sea bueno o que en verdad goce de tal poder de convocatoria, ya que el tener miles o cientos de “likes” no asegura que esa cantidad de gente irá a verlos el día del evento, inclusive a veces estos proyectos se ven en la necesidad de tener que pagar por seguidores en sus redes con el afán de ser considerados para participar en una presentación, debido a esta cultura que privilegia los números o la cantidad por encima de la calidad.

En mi experiencia con L.E.D.S. (Light Experience & Dynamic Sound) me ha tocado ver cómo se dejan fuera a bandas con un tremendo potencial, de gran talento y calidez humana, por dar preferencia a proyectos que sinceramente no “rifan” en vivo y cuya actitud de “rockstars” ha terminado por opacar varias ediciones de festivales trascendentes pero que tenían un mayor número de “likes” y por lo cual fueron elegidos. Debido a la holgazanería o falta de recursos de los organizadores que no se dan abasto para siquiera leer un Press Kit, ya no digamos que escuchar la discografía o ver una presentación en vivo de los participantes antes de escogerlos, además de la actitud pedante con la que algunos se dirigen a los músicos independientes.

 

Emergencia

Hace poco, ante la sorpresa de muchos, surgió un nuevo festival que promete muchísimo. El Festival Emergencia, enfocado justamente en posicionar o “rescatar” a la escena emergente, se ha distinguido por su impecable logística, objetivos de por medio y, sobre todo, una excelente actitud en torno a las bandas, con lo que se prevé, tendrá un éxito rotundo. Este colectivo organizado por músicos, es decir, por bandas emergentes, se ha posicionado en 15 estados de la República mexicana, lo que dará cabida a cientos de proyectos que esperaban ansiosamente un festival de altura.

Me llamó la atención enterarme de que después del anuncio de este magno evento surgió la noticia de que el Circuito Indio, un colectivo como muchos otros que siguen fungiendo de foro para bandas ya consolidadas, informó que también harán una edición especial dedicada a la escena emergente, ¡justamente en las mismas fechas que el Festival Emergencia! ¿Sincera coincidencia o vil intransigencia?

La cuestión aquí es que el Radar Circuito Indio, como se llamará esta edición, recae en el decadente concepto de “guerra de bandas”, surgido ya hace muchos años y que resulta “caduco” en estos nuevos tiempos en los que no se trata de “pelear” contra otras bandas, sino de fomentar una actitud proactiva, de compañerismo y de caminar juntos hacia adelante, no de estarse poniendo el pie unas a otras.

Conexión y sinceridad

A diferencia del Radar Circuito Indio en el que se plantea abiertamente “batallar” para proclamar a un vencedor, el Festival Emergencia, prodiga el trabajo en equipo, lo que conlleva a que todos ganen. Bajo la concepción de que todos y cada uno de los participantes son bandas emergentes con ganas de tocar y además, escogidas a través de varios filtros que permiten testificar la calidad musical de las mismas, se está gestando un ambiente de conexión y sinceridad que tanta falta hace en el medio y en la sociedad en general.

El brindar buenos espacios a bandas nuevas, con buen sonido, buena organización y buenos tratos, dota al público de mejores presentaciones. Es como la liga universitaria de football americano, que muchos identifican inclusive como mejor y más interesante que presenciar un partido de la NFL, porque los jóvenes se la juegan literalmente con todo por llegar a las grandes ligas, a diferencia de los jugadores profesionales que ya tienen la vida resuelta. Lo mismo ocurre con las bandas consolidadas y las emergentes.

Apenas este miércoles 13 de septiembre los organizadores del Festival Emergencia se dieron a la tarea de ponerse de acuerdo con las bandas participantes, medios de comunicación y otros colectivos para intentar colocar el hashtag #AlRescateDeLaEscenaIndependiente como Trending Topic, con el propósito de dar a conocer este nuevo concepto, lo que refleja también el gran trabajo de bandas independientes comprometidas con su proyecto al quedarse a nada de que se convirtiera en tendencia a nivel nacional.

Es por eso que le auguro un éxito rotundo, porque sus fundadores se han tomado la molestia de escuchar y conocer a cada una de las bandas que conforman el cartel, además de que se trata de un proyecto totalmente independiente, inclusive han rechazado jugosos convenios con patrocinadores porque, en sus propias palabras, “esto no se trata de hacer negocio, sino del amor al arte”. ¡Enhorabuena! Eso es lo que necesitamos: fomentar la conexión y la sinceridad por medio de la música.

 

* La autora es tecladista de L.E.D.S. (Light Experience & Dynamic Sound) y estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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