El planeta está enojado. Cual feroz bestia cabreada gira y se sacude tratando de derribar a su inconsciente jinete, que cada vez la castiga más fuerte con la espuela y el fuete. Pero la Madre Tierra ya no tolera más el cruel castigo. Hoy se revela, con justificada inquina, contra sus nocivos habitantes. Se sirve de sus poderosos huracanes y temblores para protestar.

Creámoslo o no, el problema del Cambio Climático es real y muy grave. La contaminación desmedida e indiscriminada generada por el hombre desde la Revolución Industrial, ha incrementado 40% la concentración de dióxido de carbono. Cada año aniquilamos más 13 millones de hectáreas de bosque, y día tras día contribuimos a exterminar 150 especies animales.

Aquí los temas de la soberanía de las naciones y el derecho de la autodeterminación de los pueblos juegan en contra. La contaminación ambiental no respeta fronteras; por lo tanto, las acciones de cada país debieran ser de interés y preocupación general. Lo que hagan los chinos o los pakistaníes con su entorno, tarde o temprano repercutirá en nuestro continente.

Para dejar este punto en claro, recordemos el reciente ciclón “Irma”: después de arrasar con algunas islas de Las Antillas, su devastadora trayectoria viró hacia el Norte, inundando ciudades importantes de Florida. Catastrófico reclamo de la Naturaleza para Donald Trump, quien justo hace unos meses decidió, de manera unilateral, levantarse de la Mesa de los Acuerdos de París.

En México, aunque nos salvamos milagrosamente de la indeseable visita de Irma, otros fenómenos sí nos trastocaron. Aunque de menor magnitud, un par de meteoros impactaron nuestras costas del Golfo y del Pacífico, y un terrible terremoto devastó la zona del Istmo de Tehuantepec.

La venenosa anémona protege con sus tentáculos al cangrejo ermitaño porque éste le procura alimento, de la misma forma que el temible búfalo africano tolera que algunas aves encuentren refugio en su lomo porque lo acicalan y se comen las molestas garrapatas. A eso se le llama simbiosis.

En tales casos, ambas partes se benefician de la coexistencia y la cohabitación. Pero cuando una de ellas comienza a abusar de la otra, a tratarla sin respeto y a no escucharla, se rompen los equilibrios.

Los estudiosos del tema nos alertan desde hace tiempo: Un negro futuro depara a nuestra descendencia si seguimos maltratando a la tierra. Y ese futuro, por la visto, ya nos está tocando las puertas.

@enriquemym