El día de ayer, el presidente Donald Trump, nuestro propio, “villano favorito”, anunció el fin por medio de una orden ejecutiva, del programa de Acción Diferida para Arribo de Menores de Edad, o DACA por sus siglas en inglés (Deferred Action for Childhood Arrivals).

El programa, fue lanzadó por el presidente Obama con el propósito de proteger de la deportación, y conceder permisos de trabajo a inmigrantes traídos a Estados Unidos sin autorización cuando eran niños. Estos niños, son hoy en día conocidos como “dreamers”, soñadores de la consolidación y la búsqueda del sueño americano de sus padres, de darles un mejor futuro que el que tenían en sus propios países.

El programa, protege a casi 800 mil inmigrantes no autorizados, de los cuáles, aproximadamente 600 mil son nacidos en México y que además pudieron demostrar haber entrado a territorio estadounidense sin haber cumplido 16 años, haber residido en el país sin interrupción durante varios años y sin cometer delitos. Los nacidos en El Salvador, por ejemplo, ocupan el segundo lugar con apenas el 3%, unos 24,000.

Son también el grupo de inmigrantes no autorizados que mayor aceptación tiene entre varios sectores de la sociedad estadounidense principalmente, porque no tienen responsabilidad directa de su estatus actual y realmente se sienten y actúan como norteamericanos.

La gran mayoría solo habla el idioma inglés y no tienen ni recuerdos ni tradiciones de sus países de nacimiento. Un gran porcentaje trabaja y estudia y aportan directamente a la economía norteamericana dentro del marco legal.

México pudiera aprovechar de alguna forma una fuerza laboral capacitada, y sobre todo criada en un sistema jurídico de apego a la ley para fomentar una reintroducción de los jóvenes dreamers que así lo solicitarán.

Desde luego ello no será tarea sencilla dado que estos jóvenes, no quieren ni pretenden vivir en nuestro país. Su forma de vida y sus costumbres están allá. Su integración a nuestra sociedad se aprecia como extremadamente compleja.

Tal vez, un proceso de transición con trabajos temporales y recurrentes pudiera introducirse dentro de la renegociación del TLCAN, para darles a estos jóvenes la posibilidad de convertirse en el primer experimento de ciudadanos “regionales” en el marco de la búsqueda de una integración de la región con posibilidades de tener un estatus migratorio de trabajadores, sujetos al cumplimiento del orden estadounidense, sin ser ciudadanos.

Incluso con la oportunidad sensata de serlo después de algunos años bajo observación.

Alguna, fórmula tendrá que encontrarse para que nuestro país, pueda involucrarse para la protección de estos connacionales, que seguramente tampoco cuentan con pasaporte mexicano, pero que nacieron en nuestro país y no solamente tomar este asunto como mero observador.

Se tienen 6 meses a partir de hoy.

A lo mejor, es la oportunidad de Tomarlos y Darles Acá, y demostrar que existe la oportunidad de por fin darles garantías, seguridad y certidumbre, donde nunca las han tenido.

 

*El autor es Licenciado en Relaciones Internacionales. Actualmente se desempeña como Secretario Técnico de la Secretaría de Salud del Estado de México.

 

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