En la entrega anterior se hizo hincapié sobre esta nueva institución que implica el concierto de diversos sectores del país a fin de empezar con un nuevo esquema de combate a la corrupción de manera integral, con limitaciones propias, retos, complejidades y un proceso que dejará aprendizajes.

Donde uno de los primeros elementos de este Sistema tanto en lo nacional como lo local, es el que se refiere a los diferentes niveles de coordinación, de hecho, el órgano más relevante del Sistema está en la figura del Comité Coordinador, cuya labor principal es esa, coordinarse al interior, pero además con otros actores relevantes como responsable de generar los diferentes mecanismos de coordinación y que estos funcionen.

No es una complejidad menor, porque si algo ha sido poco revisado en la literatura y en la práctica es precisamente la coordinación efectiva, como una variable que es preciso medir en sí misma y replantearla de manera permanente.

Los responsables de los Comités Coordinadores deben de reconocer que en este proceso de madurez de las políticas encaminadas a terminar con el flagelo de la corrupción, pasa necesariamente por la coordinación intra e interinstitucional para el cumplimiento de sus facultades y obligaciones, es decir, se requiere contar con mecanismos eficientes entre las instancias que forman parte del Sistema.

Se debe reconocer en la figura de la coordinación, (como la define Repetto), al proceso mediante el cual se genera sinergia (entendida como aquello que resulta de la acción conjunta de dos o más actores, y cuyo valor supera su simple suma) entre las acciones y los recursos de los diversos involucrados en un campo concreto de gestión pública, al mismo tiempo que se construye un sistema de reglas de juego, formales e informales, con incentivos para cooperar, más allá de sus intereses e ideologías particulares.

Por lo tanto, estamos a tiempo de verificar que en la creación y desarrollo de los Comités Coordinadores de los Sistemas Locales, existan elementos básicos como la voluntad y cohesión política, se cuente con objetivos estratégicos, haya estructuras y mecanismos de coordinación, institucionalidad legítima y evaluación, liderazgo, espacios de diálogo y deliberación, sinergias, cultura de cooperación e incentivos, sistemas de información, comunicación y monitoreo permanente[1], que al final estos elementos, entre otros, se traducirán en legitimidad y confianza ciudadana en este nuevo mecanismo anticorrupción que nace con altas expectativas.

 

Dr. Luis David Fernández Araya

*El Autor es Economista Doctorado en Finanzas, Profesor Investigador de Varias Instituciones Públicas, Privadas y Funcionario Público.

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[1] Repetto, Fabián, and Juan Pablo Fernández. Coordinación De Políticas, Programas Y Proyectos Sociales. 1st ed., Buenos Aires, Fundación CIPPEC, 2012:64.