Manuel, es un hombre de ideales, al menos dice serlo y lo presume en cada oportunidad que tiene para demostrarlo.  Detesta la gente burguesa, dice que son lo peor de la sociedad y que solo podrían tener lo que tienen en un juego de suma cero donde necesariamente alguien tiene que perder para que ellos ganen más que la gran mayoría.

Manuel no presume de ser rico, lo es, sin embargo, el demostrarlo iría necesariamente en contra de su pose, de redentor de las causas sociales más urgentes y de las personas más pobres de este país.

Es además sumamente astuto, tiene una inteligencia política privilegiada, conoce de la manipulación y manejo de masas. Él personalmente redacta sus discursos y la gran mayoría de sus mensajes por medios masivos de comunicación, tradicionales o no.

No es un hombre preparado. Vamos, ni siquiera estudiado, la política al final del día es un oficio y Manuel, es un experto en el mismo. Especialista en el sentido común, Manuel ha encontrado el punto más débil de una sociedad brutalmente desigual, el enfrentar el privilegio contra la pobreza, el hambre y la necesidad.

Manuel, tiene un partido político, es de él. Diríamos vulgarmente, suyo de su propiedad, él y solamente él, deciden sobre el mismo. Llámese candidaturas, dirigentes, posiciones políticas, apoyos, dineros, etc.

Un tirano, es Manuelito, le obsesiona el poder. Lo ha buscado siempre y ha tenido la audacia y sobre todo la perseverancia para irse moviendo a modo de conseguirlo. Allí donde no lo han dejado pasar, ha encontrado enemigos, referentes para posicionar su estudiado discurso de polarización entre los mafiosos y los oprimidos. Entre los pecadores y los redimidos. Eso sí, ha cosechado, cultivado y mejorado las prácticas políticas cuestionables, que de manera constante señala para desdeñar a los que va dejando en el camino. Propios o ajenos.

No hay proyecto, fuera del de Manuel, ni proyecto que no lo tenga a él mismo como protagonista, su poder dentro de sus partidarios es asfixiante, abrumador, absoluto. No se mueve una hoja de un árbol sin que él lo autorice. Es también un nepotista, sus hijos, son sus principales operadores.

Sin cargo público y sin fuente de ingresos visible, Manuel se ha dedicado por varios años, más de una década, a hacer campaña. Utiliza el dedazo para designar a quienes mejor puede manejar a su antojo, a manipular a controlar cuales títeres de teatro guiñol, los autónomos le disgustan, le inquietan, le recuerdan a él mismo. Esos no, a esos no los quiere cerca.

Manuel, es un peligro, y lo es porque se le permite, no solamente por la autoridad federal sino por el propio pueblo, seguir con su farsa, seguir con su maldita mentira. Seguir argumentando que se le ha robado, algo que nunca tuvo, que se le permita seguir lucrando con operadores de “raya” sus ambiciones políticas, seguir diciendo que todo es un montaje, un complot, una conspiración para derribar sus puras intenciones de redimir, refundar y componer todos nuestros problemas como país y sociedad.

Una y otra vez, Manuel y sus cómplices han sido exhibidos, y contrario a todo sentido común, Manuel sigue adelante, como si cada error propio o de los suyos, lo hiciera más fuerte. Hoy, parece indestructible. Como si México entero, le debiera algo, como si a la gente en lo general lo único que le interesara no es quien se la debe, sino por medio de quien se las pueden pagar.

No importa que Manuel, sea el peor de todos. Un verdugo habremos de conseguir.

Adivino usted querido lector, Manuel, tiene como primer nombre, el de Andrés.

Andrés Manuel…

 

 

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