Barcelona, Finlandia, Cambrils, Bruselas, son lugares que en los últimos días han sido noticia por los ataques terroristas por parte de fanáticos de, al parecer, la organización Yihadista, cuyos actos terroristas han cimbrado al mundo de una forma poco vista a la que no nos acostumbraremos nunca.

Son actos que provienen de un argumento religioso que radica en que ellos son los creyentes reales, que las otras religiones quieren destruirlos y se les adelantan asesinando igual a musulmanes y no musulmanes; todo bajo la interpretación extremista de la rama sunita del islam en particular los versos del Corán, que traducidos señalan algo relacionado con “golpear la cabeza” de los no creyentes.

Este pasado golpe al corazón de Barcelona debe dolernos a todos, porque no solo le pega a España, no solo le pega a Barcelona, no solo ofende a Europa, ofende al mundo y debe convocar ha llamado mundial, porque a nadie, de ninguna religión en el mundo, salvo alguna clase de desorden mental, le gustaría ver a un familiar en el suelo herido por algún atentado, a nadie.

No solo le pega a una España que pasó alrededor de 20 años luchando contra el grupo terrorista y cuya historia negra aún se logra sentir en sus calles, donde España aún huele a algo de tristeza que deriva de aquellos años. Nos duele España, nos duele Europa, duele el mundo que no necesariamente es perfecto, pero donde debimos, al menos, haber  superado desde hace años a la muerte como instrumento de terror y manifestación, en cualquier de sus formas.

El mundo en general tiene varios debates presentes, el lento crecimiento económico global, la crisis migratoria, las crisis de hambrunas, la crisis ambiental, las amenazas de ataques entre países, el narcotráfico mundial, líderes mesiánicos y populistas que dicen tener la solución sostenida en un puñado de discursos, pero la más grave, la crisis de seguridad creada por aquellos otros que a través del engaño mental e ideológico hacen creer que son dueños absolutos de la bendición suprema, que ellos y nada más ellos tienen derecho a cimbrar el mundo, aun cuando detrás de cualquier argumento existan cuestiones económicas como razones de fondo.

Estemos de acuerdo con la diversidad de ideas y creencias, aceptemos al que el que piensa diferente, pugnemos por un mundo diverso como principio de la tolerancia, debatamos con el otro, con el de enfrente si es que no estamos de acuerdo, pero alimentemos el argumento, las ideas, defendámoslas, pero acabemos de una vez por todas con el mecanismo del terrorismo.

 

Dr. Luis David Fernández Araya

*El Autor es Economista Doctorado en Finanzas, Profesor Investigador de Varias Instituciones Públicas, Privadas y Funcionario Público.

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