El día de hoy miércoles 16 de agosto del año 2017, inician formalmente las renegociaciones para intentar modernizar, reemplazar o hasta anular el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

La primera ronda durará cinco días, y hasta en cuanto esta columna se escribe, se desconoce la estrategia y posiciones de México en cuanto a sus objetivos, aun y cuando por ley interna, las de los Estados Unidos y Canadá están obligadas a darse a conocer formalmente.

La principal exigencia del gobierno estadounidense de Donald Trump, pretende eliminar el déficit comercial entre México y Estados Unidos por 60 mil millones de dólares. Con ello pretende a la vez retornar la mayor cantidad de industrias manufactureras principalmente en el ramo automotriz y de productos electrónicos hacia su país. Lo que significaría que México tendría que comprarle a los Estados Unidos, productos, bienes y servicios por esos mismos 60 mil millones de dólares, equivalentes al 6% del Producto Interno Bruto (PIB) mexicano, lo cual se aprecia como imposible.

Si bien México, no llega con una estrategia develada sino hasta que se siente en la mesa de las negociaciones, lo esperado es que no existan grandes sorpresas en cuanto a lo que habrá que defenderse y a la postura del gobierno de México en cuanto a las demandas que no sean razonables.

El jefe de la delegación mexicana Ildefonso Guajardo, va acompañado de grandes expertos que ayudaron a crear el acuerdo inicial hace 23 años. Tales como, Kent Smith y Luis de la Calle.

Es una gran oportunidad para nuestro país, una, que no debe de pasar desapercibida. ¿Qué pasa si llevamos un acuerdo plenamente comercial, a un acuerdo que contemple finalmente y en su amplitud pertinente, un contenido social regional? ¿Es posible?

En lo personal, creo que es posible y además imprescindible comprometer dentro de las demandas algunos de los objetivos más importantes y originarios del propio TLCAN. El crecimiento económico de la economía mexicana es uno de ellos y tiene mucho que ver, con los derechos de los trabajadores mexicanos, que lejos de haber mejorado, se han mantenido estáticos en el afán de que nuestro país sea más atractivo por su mano de obra barata y por el control que de sus derechos ejercen la gran mayoría de los sindicatos. Contemplar un contrapeso en la negociación que exija contemplar la mejora dentro de la modernización del acuerdo, vincularía al gobierno de nuestro país con un tema que demande justicia laboral y debilite la posición norteamericana de reducir el déficit.

El TLCAN prometía y contempló también dentro de su estructura, la reducción de la brecha entre los niveles de calidad de vida y desarrollo entre los 3 socios. Principalmente en términos de ingreso per cápita e ingreso por trabajador. Como bien sabemos, ello tampoco sucedió. La pobreza a partir del TLCAN aumento.

No hay que olvidar que el TLCAN inició como un paso hacia una posible integración regional, por lo cual dichos elementos sociales eran fundamentales para su promoción y consecución con miras a dicha equivalencia en términos de calidad de vida y desarrollo social se logrará para poder compartir otros rubros, que fortalecieran nuestra fusión regional.

Si nuestra delegación, logra, no sólo defender y negociar lo obvio, lo económico y lo ganado, sino rescatar lo social, lo importante y lo justo. Lograremos elevar el tono de la negociación y sentar las bases para un acuerdo comercial, que no solo contemple las balanzas comerciales sino a los ciudadanos.

Un acuerdo más humano, y más acorde con lo que los tiempos demandan de nosotros como vecinos, como humanos.

 

*El autor es Licenciado en Relaciones Internacionales. Actualmente se desempeña como Secretario Técnico de la Secretaría de Salud del Estado de México.

 

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