Hace 23 años, la entrada en vigor del TLCAN se entendió como un relanzamiento de la estrategia de desarrollo económico (en ese momento del gobierno de Carlos Salinas de Gortari).

Sin embargo, el TLCAN ha evidenciado que no solo necesitamos comercio para transitar desde un país de mediano nivel de ingreso hacia el mundo desarrollado.

El grado de interdependencia de las economías nacionales y de la cadena de suministros continental está basada en los beneficios que obtienen los tres países (Canadá, Estados Unidos y México) de importar bienes finales e intermedios, y utilizarlos en sus propias cadenas de producción, que la mayoría de las veces va a dar al mercado continental norteamericano.

No obstante, esta interdependencia trasciende la esfera de la producción.

Con el TLCAN, el comercio regional creció considerablemente, convirtiendo a la región en la de mayor producción a nivel global.

Entre 1994 y 2017, el TLCAN ha generado un flujo comercial para la región de más de 89 billones de dólares, inversión extranjera por 5 USD billones, y más de 20 millones de empleos.

Y cada año, esto crece un promedio de 8.8 por ciento.

A México le ha ido tan bien con el TLCAN: El Tratado genera 525 mil mdd anuales, sólo en comercio México-EU.

Sin embargo, el TLCAN también ha sacado a la luz sus deficiencias institucionales y estructurales.

Y para los Estados Unidos ha acelerado el fin del trabajo de baja calificación como consecuencia de la automatización y el poder computacional.

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, Estados Unidos pidió renegociar el TLCAN, bajo el argumento de reducir su déficit comercial con México y Canadá, que es de más de 75 mil millones de dólares.

Esa renegociación se inicia mañana, miércoles 16 y se estima que dure entre 120 y 150 días, que es un plazo muy breve.

La actualización del TLCAN debe incluir mecanismos que permitan hacer frente a los retos particulares de los países firmantes y de la nueva realidad tecnológica que desaparecerá más empleos a lo largo del siglo.

Así pues, la actualización del TLCAN debe incluir:

1. Acuerdo Laboral. De forma explícita, la incorporación de medidas, acuerdos e instituciones en materia laboral con dos objetivos:

A) La homogenización de los estándares laborales indistintamente de la nacionalidad de los trabajadores siempre que sean ciudadanos de Norteamérica continental.

B) Fomentar la convergencia salarial entre los tres países.

2. Movilidad Laboral. La complementariedad productiva entre capital y trabajo debe ser reconocida en el Tratado, en vez de perseguir con una mano a los trabajadores inmigrantes e invitarlos y contratarlos con la otra. Debemos garantizar la Movilidad Laboral en función de las necesidades de empresas y trabajadores en los tres países pero sobretodo la protección de derechos humanos en el lugar de trabajo.

3. Capítulo 19. Debemos oponernos a la eliminación del Capítulo 19 y de cualquier medida que pueda eliminar los espacios ganados de la liberalización comercial de América del Norte. La eliminación del Capítulo 19 (Mecanismo de Solución de Controversias) facilitaríarestringir importaciones mexicanas y canadienses para los Estados Unidos.

4. Derechos humanos y Corrupción. México y ningún país en el mundo, deben competir haciendo concesiones políticas, legales o laborales para fomentar la inversión, en menoscabo de su población.

Proponemos:

A) Secundar y ampliar la propuesta del gobierno EU e introducir un capítulo Anticorrupción en el cuerpo del tratado con una institución supranacional que permitirá erradicar prácticas comerciales desleales fundamentadas en actos de corrupción, así como el abuso y omisiones de autoridades, la institución funcionará siempre mediante la coordinación de esfuerzos con los gobiernos nacionales.

B) Considero de vital importancia la inclusión de una Cláusula de Derechos Humanos para los tres países. Ante la realidad mexicana, no tiene nada de malo mezclar derechos humanos con el libre comercio. Además, ya la tenemos en el acuerdo comercial con la Unión Europea.

5. Sin “acuerdos paralelos”. Ninguna parte de la negociación y actualización del TLCAN debe ser mediante acuerdos paralelos. En 1994 ante la presión de la sociedad, los negociadores decidieron incluir las demandas laborales, medioambientales y de infraestructura en dos acuerdos paralelos sin facultades vinculantes, como resultado las instituciones paralelas son prácticamente inexistentes en sus materias.

Finalmente, tenemos que pensar cómo actualizar el TLCAN para hacer frente a los grandes retos del siglo XXI, la desigualdad y la automatización.

Si los países integrantes del TLCAN entienden que la prosperidad de los países avanzados depende del progreso de las clases medias de los países en vías de desarrollo, estamos ante la llegada de un modelo de desarrollo donde la cooperación internacional es el nombre del juego para la prosperidad y el FUTURO del siglo XXI.