Intensas discusiones jurídicas, fuertes debates científicos, prolongadas argumentaciones políticas, e incluso filosóficas, en torno a la calidad de nuestra democratización, suscitaron que la Constitución Política de la Ciudad de México asumiera el reclamo ciudadano de otorgar derechos y protección a los animales. Sin embargo, los retrocesos y mezquindades siempre asoman en las leyes secundarias. El partido Morena ha presentado una “Iniciativa con Proyecto de Decreto por el que se Reforman y Adicionan Diversas Disposiciones de la Ley de Protección a los Animales del Distrito Federal”, que reduce prácticamente los derechos de los animales solamente a perros y gatos. Disminuye su edad mínima para comercialización, y en el caso de la fauna silvestre, involucra a la autoridad federal porque la legislación a ese nivel es más flexible respecto a su mercantilización. Morena propone prohibir solamente la compraventa de especies ilegales dejando en el desamparo a todas las demás.
Lo más retardatario de su propuesta es la introducción de las viejas prácticas de experimentación animal, estableciendo que los particulares “podrán comercializar animales destinados a experimentación”. Con sus iniciativas Morena se aleja irreversiblemente de una sociedad civil preocupada por el bienestar de los animales y consciente de que la experimentación es una forma de tortura cuando se les utiliza para probar drogas, productos industriales y comerciales. Proclive a los intereses de quienes consideran a los animales un negocio ese partido busca eliminar la prohibición de vender animales vivos en los mercados públicos. Actualmente, los comercializadores están obligados legalmente a prestar sin costo espacios dentro de sus establecimientos para la exhibición de animales en adopción, Morena pretende eliminar esta obligación dejando al criterio empresarial su cumplimiento.
Ante la creciente violencia contra los animales surgieron refugios y asociaciones sin fines de lucro. Ciudadanos que sin recursos crearon espacios de adopción y acogimiento para apoyarlos. Ahora Morena plantea considerarlos empresas privadas, obligándolos a una serie de disposiciones administrativas que inhibirán la cooperación social. Al equiparar las obligaciones, crea una nueva desigualdad que limita la participación ciudadana frente al grave problema público del maltrato animal. Los establecimientos privados deben exhibir un listado de las especies comercializadas, Morena las circunscribe a “manejadas o resguardadas”, abriendo posibilidades nuevamente al tráfico animal. Los considera una mercancía y un objeto de lucro. Una lógica que se explica por el inminente establecimiento de la Agencia de Atención Animal para la cual ese partido postula a un oscuro personaje vinculado con la mercantilización de la vida animal.
La izquierda surgió como un proyecto alternativo de sociedad superior. Pero en éste, como en otros temas, demuestra no entender los reclamos sociales. Así sucedió con la aprobación de las leyes secundarias en materia electoral o con el establecimiento del sistema local anticorrupción. Entonces como ahora, la izquierda tradicional aparece como una fuerza retrógrada que vulnera diferentes aspectos de nuestra vida democrática. El partido de López Obrador en la CDMX evidencia que su compromiso no es con las causas ciudadanas sino con los mercaderes de la muerte, con aquellos que encuentran a la primera oportunidad un negocio, una componenda o simplemente, la ocasión para obtener ventajas personales de todo tipo. Es así como la vieja izquierda se convierte en una nueva derecha.

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