Las reformas y adiciones a la Ley de Protección Animal publicadas en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México son fundamentales en la lucha cotidiana por los derechos de los animales. Esta normativa —que da vida a la Agencia de Atención Animal— identifica sus cinco libertades básicas: libre de hambre, sed y desnutrición, miedos y angustias, incomodidades físicas o térmicas, dolor, lesiones o enfermedades, y libertad para expresar las pautas propias de comportamiento. Al otorgarles protección jurídica, los constituye en sujetos de derechos. La protección animal a través de políticas públicas forma parte del ideal civilizatorio que propone el sistema democrático. El rechazo al maltrato animal en cualquiera de sus formas representa una adquisición cultural de nuestras sociedades. Introduce un nuevo significado de la vida animal en los procesos de desarrollo político y social.

 

Al institucionalizar la responsabilidad de protegerlos, se establece una pauta central para la transformación de las mentalidades sociales, creando así una cultura cívica ciudadana. El derecho a la protección jurídica para los animales no humanos proyecta la lucha permanente contra el maltrato y la crueldad, propone una perspectiva donde la persona deja de ser el centro de toda actividad, para formar parte del sistema biótico al mismo nivel que los otros seres vivos. Arribar a esta conclusión ha permitido la consideración de los animales no como entes inferiores al individuo, sino que coexisten al mismo nivel y, por lo tanto, deben ser protegidos como sujetos de derechos, al igual que los seres humanos.

 

Durante siglos prevaleció una concepción donde animales y naturaleza formaban parte del mundo de las cosas al servicio del individuo. Esta última era concebida como todo aquello que rodeaba al ser humano y que debía protegerse en cuanto fuente de bienestar, recursos y valores. El nexo entre animales, humanos y naturaleza ha cambiado con el tiempo. Hoy las concepciones se transforman y los animales han ganado una consideración como sujetos morales. Su primer derecho es no ser maltratados con independencia del beneficio que esto pueda traer a un grupo humano cualquiera.

 

La Agencia de Atención Animal ha sido posible por el esfuerzo de muchos activistas, entre los que destaca la constituyente Elena Chávez, quien cuenta con una gran trayectoria en la defensa de los derechos de los animales, siempre en la búsqueda de darles voz y en una lucha justa por los seres más débiles implicados en nuestra sociedad. El objetivo de la Agencia de Atención Animal debe ser el logro de un cambio gradual que permita una transformación real en la condición social de los animales. Requerimos de leyes que les otorguen derechos e impidan que sus vidas dependan de la voluntad humana, situación jurídica incompatible con la noción de que los animales son seres sintientes con intereses moralmente significativos. Ahora es necesario considerar la inclusión de la tipicidad de la conducta de delito de maltrato o crueldad hacia los animales en todos los códigos penales locales y a nivel federal. Los animales sufren por nuestra negligencia y falta de interés. Nada cambiará, incluso con buenas legislaciones, si no logramos reformar los valores y conductas sociales.

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